La risa de los inmortales

¿Quién dijo que la música clásica era aburrida?

En esta sección conoceremos los detalles más interesantes, divertidos, escabrosos y ridículos de muchos de los grandes compositores de todos los tiempos.

La iconografía siempre nos ha presentado a los grandes artistas, a través de cuadros y retratos de expresión hierática, como una personas tremendamente serias, dedicadas a su arte y sin contacto alguno con el mundo exterior. A veces olvidamos que todas los artistas fueron personas, con sus virtudes y sus miserias. Goethe, Mozart, Goya y otros tantos fueron grandes artistas, pero no dejaron de ser personas alegres, tristes, simpáticas o execrables.

Recordemos al viejo Harry Haller, el protagonista del lobo estepario de Hesse, y reconoceremos qué significa “la risa de los inmortales”. Allí arriba, en el cielo, Bramhs, Wagner y Beethoven se están riendo. Ellos, los que han alcanzado la inmortalidad, los que se nos antojan tan serios y antiguos, fueron jóvenes, rebeldes y revolucionarios. Por eso se ríen de nosotros.

Podemos mirar detrás del vestidor y descubrir qué se esconde debajo de la peluca blanca de Mozart, cómo fue la sordera de Beethoven, qué demonios hacía Wagner con Bakunin, por qué Schubert pedía dinero para comprar tinta y seguir componiendo si no tenía un trozo de pan que echarse a la boca, para qué Satie fundó su propia religión, y otras circunstancias íntimas, familiares y emotivas que, a pesar de caer en el ámbito del cotilleo más que en el de la historia propiamente dicha, tienen la ventaja de suscitar nuestro interés y que profundicemos en la figura del compositor, en la persona que hay detrás de él.

El vestidor está ahí, la ventana, abierta. Todo está preparado para sacar los trapos sucios del armario. ¿Os atrevéis?


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