La doctrina Parot y la miseria humana

La resolución del recurso sobre la doctrina Parot que ha realizado la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos hace unos días ha levantado ampollas, producido urticaria y vertido vinagre en heridas que parecían cerradas, aunque ahora supuran más que nunca. La reacción de la sociedad española, inmadura en su conjunto, es ejemplar para mostrar la mísera condición humana.

El tema jurídico es bastante claro. Se ha intentado forzar una interpretación normativa para perseguir un fin político (mantener a determinados delincuentes graves, especialmente etarras, el mayor tiempo posible en prisión), que por muy oportuno, moral o deseable que quiera proponerse, ha resultado ser un fiasco jurídico. Que la llamada doctrina Parot (incluso en su aligerada versión tras el matiz “constitucional” del sistema de doble cómputo penal ) hacía aguas era algo que se sabía, a poco que se hubiera estudiado algo relacionado con la irretroactividad de las normas restrictivas de derechos (no voy a pedir una licenciatura en Derecho ni un máster en el Convenio Europeo de Derechos Humanos).

Pero lo que no nos gusta son las consecuencias políticas, sociales, económicas o emocionales que dicha resolución ha traído consigo. Y no gustan porque siempre, por definición, una sentencia acarrea el descontento (irónicamente se denomina “fallo” a la parte dispositiva y ejecutiva de una sentencia, porque siempre “falla”). La mayoría de los procesos (hay excepciones, como en el caso de la la jurisdicción voluntaria) se basan en una contienda, una pelea entre dos o más posturas irreconciliables (por eso llegan a juicio), de manera que la sentencia suele acabar dando la razón a uno a costa de privar de ella a otros. Lo idóneo, lo maduro, es que si nos sometemos a estas reglas que venimos llamando “Estado de Derecho”, acatemos la sentencia, con resignación si se quiere, pero acatándola, no cuestionándola (cuando no directamente incitando a la rebelión mediante el no cumplimiento).

Pero exigir ese comportamiento sería quizás excesivo en una sociedad como la española, acostumbrada a hacer causa belli de todo oprobio que venga de una decisión judicial, Ha pasado con la sentencia del Tribunal Constitucional en el recurso frente al Estatut de Catalunya, que fue cuestionada, deslegitimada y soliviantada desde instituciones públicas como la Generalitat de Catalunya, actuando con directrices de insumisión más propias de un particular que de una órgano de gobierno que constituye parte del Estado español. Y podría citar otros muchos ejemplos, pero creo que a nadie se le escapa que en España nos va la marcha cuando toca apuntar a un juez como el chivo expiatorio de todos los males que sufrimos.

En este caso, chivos no faltan:

1) Luis López Guerra, de quien el 99% de España ni se acordaba (si es que alguna vez supieron quién era), es el primero chivo expiatorio. En su San Benito personal consta el haber predispuesto al resto de miembos del TEDH para conseguir una sentencia acorde con sus postulados ideológicos (“progresistas”, para más oprobio) y contraria a los intereses españoles. Un ultraje, un traidor a la Patria. Y para más señas, del PSOE.

2) Zapatero también ha salido a la palestra, cómo no. Él fue el encargado de poner alfombra roja a los terroristas, y de aquellas aguas vienen estos lodos.

3) Hasta Rajoy (sí, depende del periódico que lean) se utiliza como excusa para explicar la debilidad española para conseguir que desde Estrasburgo se defiendan nuestros intereses.

Y así podemos seguir, uno tras uno, hasta darnos cuenta de que hasta tú, lector, y puede que yo, seamos culpables de que en breve decenas de delincuentes salgan a la calle sin atisbo de reinserción alguna.

Si estos días conectamos la televisión, escuchamos la radio o leemos un periódico, espero que sea para ver Los Simpsons, escuchar Radio Nacional Clásica o ver la cartelera, porque si nos topamos con un telediario o noticiario, caeremos en la cuenta del bajo perfil informativo de la prensa española. Traiciones, conspiraciones, acusaciones sin fundamento, dedos acusadores, venganzas, rencillas, manipulación del dolor de las víctimas, sensacionalismo y populismo puro y duro. Luego nos reímos de Venezuela, pero aquí sólo me falta por ver a Rajoy en chándal para pararme a pensar si no se han llevado la península ibérica al otro lado del charco.

Las víctimas se merecen respeto y apoyo institucional, pero no pueden dirigir la acción del gobierno ni mucho menos intervenir en las decisiones judiciales. Si para algo sirve el derecho es para dirimir las controversias sin sangre, de manera civilizada, y ello exige que todos nos sometamos a las mismas reglas. ¿Que un etarra las vulnera matando a gente? No nos queda otra que aplicar la normativa. La gente quiere sangre, pues exigid en las próximas elecciones que se modifique el Código Penal y que se incluya la pena de muerte para delitos de terrorismo.

La intención de la sentencia no ha sido laurear a los terroristas y ultrajar a las víctimas, a pesar de que así se nos quiere hacer ver. Y ello porque las sentencias (salvo supuestos excepcionales de prevaricación flagrante) no tienen intenciones: juzgan supuestos de hecho y la consecuente respuesta jurídica. Nada más. Lo que ha hecho Estrasburgo es decirle al Tribunal Supremo español que “ha interpretado mal la normativa”, y para eso nos hemos sometido sus dictámenes. Si no nos gusta que de fuera nos digan lo que tenemos que hacer, pues nos salimos de los Convenios Internacionales y de la Unión Europea. Pero si nos obligamos a cumplir las resoluciones de estos órganos, debemos hacerlo nos guste o no.

El problema de que haya etarras en las calles dentro de unos días no es de esta sentencia, ni de los chivos expiatorios antes citados. El origen de ese problema está en la misma ETA, en su nacimiento, en las causas que facilitaron su creación, en el Franquismo, en la Transición, en una democracia apenas consolidada que nunca ha sabido dar respuesta al hecho de que ciertas personas se dediquen a hablar con pistolas y bombas. Ningún político, durante muchos años, ha conseguido meter en cintura a estos asesinos (el cumplimiento íntegro de las penas del PP lo considero un paso, valiente y decidido, pero a todas luces poco ambicioso). Y ello porque resolver este problema no es fácil. La democracia no cuenta con instrumentos precisos para una cirugía tan complicada. Una cosa es que alguien se salte las normas, y otra es que haya una organización que haya matado al presidente del Consejo de Ministros con un coche bomba (y a otras casi 1000 víctimas igual de inocentes). Contra eso hay poco que hacer. Porque además queremos ser respetuosos, protectores, garantistas, tuitivos. Si se quiere acabar con ETA, de verdad, se sacan cuatro o cinco leyes bien puestas y empezamos a barrer la casa, pero entonces seremos un poco menos democracia y un poco más dictadura.

Como el cristiano que se ve moralmente obligado a poner mejilla tras mejilla, la democracia española tiene que hacer un encaje de bolillos para poder golpear con puño de hierro envuelto en guante de seda. Chapuzas institucionales como los GAL o tener que atragantarnos con sentencias como la de Estrasburgo son la triste realidad de la compleja situación que vive España. Realidad a la que ayuda poco la incompetencia de los políticos, la manipulación constante de los medios de comunicación y el poco juicio crítico que demuestran los ciudadanos, más propensos a dejarse arrastrar por arengas y arengas y soflamas que por esa tímida voz interior que apenas resuena y que se conoce por el nombre de sentido común.

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6 pensamientos en “La doctrina Parot y la miseria humana

  1. Misco

    Summum ius, Summa iniuria. La doctrina Parot pretendía suplir las deficiencias con que contaba nuestro sistema penal, el cual no estaba pensado para personas a las que, por sus santos cojones, un día cualquiera se les ocurría segar la vida a 25 personas. El efecto perverso es “de tarifa plana penal” para un tipo de crímenes múltiples que el legislador no pensaba que podrían ocurrir. Bajo mi punto de vista en estos casos el debate de la irretroactividad de las normas penales es estéril, por muy purista que se sea en la defensa de los Derechos Humanos: En Nuremberg se constituyó un Tribunal ad hoc formado por extranjeros, con la única legitimidad que te da el ser una fuerza invasora; y se juzgaron, condenaron, encarcelaron e incluso ahorcaron a personas por conductas que no es que no estuviesen penadas al momento de cometerlas, sino que muchas habían sido adoptadas, ordenadas o consentidas por el “Gobierno legítimo” de entonces. ¿Y a qué artículos o textos legales recurrieron? Al Derecho Natural y al sentido común. En conclusión, en estos casos puede más la voluntad política que la teoría jurídica. Y con López Guerra el problema no es que sea de una opinión u otra, el problema es que el Gobierno del PSOE intercedió para su nombramiento en el TEDH con el mandato de intentar influir en el Tribunal y cargarse la doctrina Parot, algo que políticamente interesaba al ejecutivo. Por lo tanto, la cuestión radica en que no estamos ante una aséptica sentencia dictada por el Tribunal predeterminado por la ley, sino ante una resolución cuyo contenido ha sido cocinado políticamente con un determinado fin, en contra de lo que muchas personas consideran justo.

    Dicho esto, entiendo que la Sentencia debe ejecutarse y cumplirse si queremos ser un País civilizado. No comparto la llamada a la insurrección judicial a la que algunos, especialmente la Generalitat de Catalunya, nos tiene acostumbrados.

    • Estoy contigo, pero en parte. Lo de Nuremberg se explica, como bien dices, por la razón que acompaña a quien es más fuerte que tú. Pero ni los “Juicios de Nuremberg” fueron tales juicios que puedan ser comparados con otros (se trató de un Tribunal de excepción, en su formación, proceso y normativa, algo que difiere del funcionamiento del resto de órganos jurisdiccionales), ni es comparable la ETA con el horror del genocidio nazi. Por otro lado, si crees que el culpable es el PSOE por colocar a un miembro del Tribunal capaz de convencer a otros 16 de que se haga lo que él quiere, entonces creo que deberíamos hacernos mirar esto del TEDH.

  2. Misco

    Parece ser que hay una regla no escrita por la cual, en los “asuntos de Estado”, los jueces suelen seguir el criterio del juez del Estado asociado de que se trate (que siempre es un comisario político). Es un consenso al que se llegó en su momento pues ningún Estado quiere que le vengan a decir lo que tiene que hacer en temas como estos. Y sí, creo que el PSOE es culpable porque maquinó el nombramiento de esta persona con ese objetivo. La doctrina Parot era un escollo en las negociaciones de paz y, como ni el TS ni el TC pudieron o quisieron desdecirse de la misma, lo más fácil era que el fallo viniese impuesto de fuera, así el Gobierno no se veía más salpicado de lo que estaba. No lo digo yo, sino que es una información que ha transcendido de alguno de los negociadores del proceso.

    Por otra parte, no comparo el genocidio nazi con el terrorismo de ETA. Lo que digo es que, cuando ha habido voluntad política y moral de castigar un crimen, se ha hecho. De hecho hay por ahí algún Premio Nobel de la Paz que en estos casos ha optado por hacer justicia personalmente: “Justice Has Been Done.” Y ahora aléguele Ud. a Savigny y a Kelsen. No discuto la calidad técnica de esta Sentencia, sino el hecho moral y la summa iniuria que la misma supone.

  3. Magnífico artículo que me he zampado de un tirón. Mis opiniones son absolutamente coincidentes con las tuyas, así que nada me cabe añadir.

    • Muchas gracias, pero siempre hay algo que añadir. Y más viniendo de una pluma tan versada como la tuya. Un abrazo y nos debemos alguna cerveza y no pocas charlas…

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