El bueno de Salieri

Al malo lo conocemos todos: F. Murray Abraham se encargó de interpretarlo en la magnífica producción cinematográfica “Amadeus”, de Milos Forman. Pero nunca es tarde para conocer un poco más al Salieri real, al verdadero, al músico y director, al “maestro de maestros” como se le llegó a conocer en vida.

Sobre Salieri se ha hablado mucho y escuchado poco: muchas palabras y poca música. Así que lo primero que haremos será dejar de fondo un hilo musical de este maestro veneciano afincado en Viena. Y lo haremos con una de sus óperas más célebres, que precisamente lleva el título de “Primero la música y después las palabras“, lo que resume a la perfección su visión estética y artística, amén de servir a la perfección como contrapunto a tanta habladuría e ignorancia sobre los avatares reales de su vida.

La película

Los que hayan visto la película “Amadeus” de Forman habrán disfrutado, seguro, de una de las mejores producciones cinematográficas que tratan sobre la vida de un músico. Biografías de compositores en el cine hay algunas, y muchas notables, pero la película de Forman descuella por méritos propios: el vestuario de época es sublime, la interpretación de los actores muy correcta, el ambiente y la atmósfera perfectos, gracias a unas localizaciones originales de inusitada belleza (como el Teatro Estatal de Praga, donde Mozart estrenó su “Don Giovanni” dos siglos atrás y en el mismo sitio donde yo pude disfrutar de esa maravillosa ópera en una interpretación histórica con trajes y montaje de finales del siglo XVIII) y una música que envuelve toda la producción de principio a fin (el mismo Sir Neville Marriner dirigió a la Academy of Saint Martin in the Fields para interpretar obras de Mozart, Salieri y algo de Pergolesi).

 “Amadeus”, como digo, es buena, ocho premios Óscar y cuatro Globos de Oro lo garantizan. Pero no es oro todo lo que reluce: el trasfondo de la película, la supuesta rivalidad entre Salieri y Mozart (hasta el punto de dejar entrever que el primero tuvo participación en la muerte del segundo) carece de fundamento histórico, no siendo más que la transposición literaria de un mito que surgió al momento de la muerte de Mozart, y que diversas circunstancias se han encargado de aumentar y convertir en una suerte de verdad oficial.

La creación de un mito

Todo surge a raíz de la muerte del genio de Zalsburgo. Algunos creyeron que había sido envenenado, incluso el propio Mozart, moribundo, llegó a plantear dicha hipótesis. Ello se unió a un comentario de Leopold Mozart, su padre, que tiempo atrás se le oyó decir que su hijo no triunfaría porque Salieri y sus acólitos lo impedirían. A este cóctel le podemos añadir las típicas miserias e insidias humanas, la presencia de un músico italiano en Viena ocupando un cargo tan respetado como el de Maestro de Capilla del Emperador, y nos daremos cuenta de que era bastante fácil que surgiera un rumor sobre la participación de Salieri en la muerte de Mozart.

En ese momento pudo tratarse de un rumor sin importancia ni fundamento. Salieri fue un compositor muy respetado, que profesaba cierta admiración por la obra de Mozart, y que difícilmente pudo verse amenazado por la figura de este genio, ya que su posición y fama estaban muy por encima de las de aquél. Si alguien pudo tener envidia de Salieri fue Mozart, o su padre, pero seguro que Salieri no entraría en esos juegos tan bajos. Salieri fue, por le contrario, de los pocos que reconoció la valía musical y el genio de Mozart, y prueba de su amistad la encontramos en que le fue encomendada la educación musical del hijo de Mozart, una vez que su padre había fallecido.

Pero los mitos y las ocurrencias pasajeras, o mueren nada más nacer o crecen fuertes hasta hacerse casi indestructibles. Esto ocurrió con la historia que estamos tratando: ni más ni menos que Alexandr Pushkin escribió allá por 1830 (cinco años después de la muerte de Salieri, y quizás aprovechando que éste, antes de morir y en pleno estado demencia, asegurara a dos enfermeras que había matado a Mozart, lo cual fue más fruto de una mente atormentada por la acusación que un relato verdadero de los hechos) un obra de teatro llamada “Mozart y Salieri”. Todo pudo acabar aquí, pero entonces unos años más tarde aparecería en escena el gran compositor ruso Nikolái Rimski-Kórsakov, que puso música a este drama y estrenó en 1898 la ópera “Mozart y Salieri”.

Un siglo más tarde, con el mito ya formado, aparece el dramaturgo inglés Peter Shaffer para componer sobre toda esta historia la obra de teatro “Amadeus”. Y por si no fuera poco, un compositor checo, Milos Forman, la llevó a la gran pantalla en 1984 con el resultado que todos conocemos.

Hollywood llega hasta el extremo de permitirse el pequeño cameo que hace F. Murray Abraham en la película “El último gran héroe”, en el que interpretaba a un asesino a sueldo al que le reprochan que ha matado a Mozart. “¿Cómo has dicho? ¿Mozart? No lo recuerdo: he matado a tanta gente…” comenta el actor con sorna.

Despejando patrañas

La verdad es mucho menos morbosa que esta rivalidad ficticia entre dos genios incomprendidos (pues según “Amadeus” el mismo Salieri resulta un incomprendido ante un Dios al que le sacrifica su castidad a cambio de un don musical que finalmente es concedido al “mono de feria” mozartiano). Salieri apenas tenía 6 años más que Mozart (aunque en la película parezca mucho mayor), y no fue casto en absoluto (una mujer, siete hijos y varios amantes en su haber). Su educación musical, que no fue reprochada por su padre sino más bien al contrario, le llevó a convertirse ni más ni menos que en Kapellmeister de la Corte Imperial en Viena, uno de los puestos musicales más codiciados de toda Europa. Desde un punto de vista musical, Salieri se recuerda como un excelente compositor de óperas (casi 40) y director de orquesta. Fuera de la música para escena apenas destacó, como demuestra su escueto catálogo de música instrumental (citaría el honroso Concierto para oboe, dos violines, viola y violonchelo en Sol Mayor, la Serenata Cantabile, o Las Variaciones sobre la Folía española).

Si Salieri no fue un compositor más prolífico seguramente fue culpa de sus constantes obligaciones como maestro de capilla y director, así como pedagogo musical. En este caso yo tengo mis particulares reservas, pues creo que Salieri fue un compositor bueno, notable, pero no un genio. Lo que he escuchado de catálogo me gusta, pero no me cala. Quizás Salieri, consciente de sus limitaciones, se limitó al campo de la ópera (en el que tuvo bastante éxito, todo hay que reconocerlo) y a la enseñanza, lo que no se le puede reprochar en absoluto, pues por sus manos pasaron, en mayor o menor medida, grandes pesos pesados de la historia del música como Beethoven, Schubert, Listz, Hummel o Czerny (este último, a su vez, gran pedagogo y maestro de muchos músicos importantes, lo que demuestra que ser buen músico y saber enseñar son dos cosas distintas y no siempre coincidentes). El cargo que ocupó Salieri, más que su valía como compositor, le llevó a conocer a grandes figuras como Haydn, Gluck, Piccini o Hasse, lo que lo eleva a una posición desde la que resulta poco menos que ofensivo tratar de acusarle de envidia de un Mozart acosado por las deudas. Como anécdota, baste recordar que fue una ópera de Salieri con la que se inauguró el Teatro de La Scala de Milán en 1778, y que en 2004, tras un tiempo cerrado por restauración, este Olimpo de la música se volvió a inaugurar con otra obra del Salieri. Ahí es nada…

Esta entrada bien pudiera calificarse de panegírica, pues es obvio que pretendo ensalzar la figura de Salieri. Pero la verdad es que no se trata de un compositor que figure dentro de mis preferencias, ni siquiera las más remotas. Tengo algunos discos suyos y, bueno, ahí están. Me resulta imposible concentrarme en su obra cuando todavía queda mucho de sus alumnos y contemporáneos por descubrir. Pero he creído justo intentar dar a conocer parte de esta falsa historia entre Mozart y Salieri, limpiar un poco la imagen de este “Maestro de maestros”, al que Schubert tuvo en gran estima y el propio Beethoven le dedicó sus tres primeras sonatas para violín y piano. Son razones de justicia histórica, que no artística, las que me han hecho recordar a Salieri, y repetir, con él, que primero la música, siempre, y luego las palabras…

170px-Joseph_Willibrod_Mähler_001

Retrato de Salieri pintado por Joseph Willibrod Mähler, Licencia de Wikipedia Commons

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Categorías: La risa de los inmortales | Etiquetas: , , | 1 comentario

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Un pensamiento en “El bueno de Salieri

  1. Lulu

    ¡Que pena!, con lo bonito que era el mito…

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