A golpe de Código Penal

Cada profesión tiene su particular herramienta para provocar miedo y, a la vez, hacerse respetar. El cirujano con su escalpelo; el dentista y su taladro con broca de diamante; el obrero que nos hace madrugar el sábado con su martillo percutor; el macarra con su ampli en el coche y el afilador con su flauta, estos últimos los domingos muy temprano, que el séptimo día es fiesta de guardar de todo menos sueño. Pero los políticos son los únicos que echan mano de un instrumento tan atroz y despiadado como el Código Penal para, en contra de lo que pudiera pensarse, tranquilizar a las masas.

En la Facultad de Derecho me enseñaron que el Derecho Penal era la ultima ratio, es decir, el último mecanismo del que se dota la sociedad para corregir determinadas conductas que considera erradas. Resulta obvio que si una persona se nos cuela en la cola del autobús, no buscamos a un agente de la policía para que lo detenga y lo lleve ante el Juez, pues existen otros mecanismos “correctores” que deben actuar en primer término.

El primero de todos, y hay que mencionarlo por obvio que parezca, es la educación. Si una persona molesta con su actitud a los que están viajando en el autobús, se considera que algo ha fallado en la educación (familiar) que ha recibido. El resto de viajeros debería llamarle la atención y pedir respetuosamente que cese en su actitud. Esta “sanción social” constituye otro tipo de educación (social) y puede provocar que la persona deje de molestar, cohibida por el rechazo que su conducta perturbadora provoca.

A partir de ahí empiezan todo tipo de controles cada vez más rigurosos, pensados para las conductas que ignoran los mecanismos correctores de primer nivel. Dentro de esta liga jugarían las normas que nos privan de determinados beneficios económicos si nos comportamos de una determinada manera (fomento de la legalidad) o directamente sancionan administrativamente nuestro actuar (una multa de aparcamiento, por ejemplo).

Al final de esta larga cadena se encuentra, como último recurso, como última medida de la que dispone el Estado para intentar corregir a los individuos más desviados (alejados de la norma, de lo recto, es decir, de lo legal), el Derecho Penal. Por eso es la ultima ratio.

La mayoría de los gobiernos han posado sus manos sobre el Código Penal como si de un libro sagrado de se tratara. Cada uno con su orientación, han introducido reformas que siempre, siempre, tienen un efecto electoral importante. Porque el Código Penal asusta a unos pocos, pero pretende calmar a muchos.

No hay mejor alivio que una reforma penal, ni mejor placebo que endurecer las penas de los delitos existentes, por no hablar de la insuperable panacea de introducir un nuevo tipo penal. Son éstas unas medidas de escaso o nulo valor económico para el Gobierno que las propone pero de infinito beneficio electoral… ¿quién estaría dispuesto a renunciar a semejante bombón?

El ministro de Justicia ha anunciado una reforma del Código Penal que, si nada lo impide, se aprobará en el Consejo de Ministros esta misma mañana. Se pretende poner coto a la corrupción, lo cual viene bien en estos momentos de EREs en Andalucía y Bárcenas en Madrid. En palabras del ministro del ramo: “el nuevo texto incorpora la nueva regulación de la administración desleal, que permite sancionar la contratación de servicios por un precio exagerado, normalmente motivado por el pago de un soborno; la revisión de la regulación del delito de malversación, que sancionará la celebración de contratos sin contraprestación o creando fondos ocultos sustraídos al control de la Administración; la revisión técnica de la regulación de la corrupción en los negocios, lo que incluye el supuesto de pago de sobornos a agentes públicos extranjeros (cohecho transnacional); y una revisión en profundidad de la regulación del comiso con la finalidad de facilitar un instrumento eficaz para la recuperación de los activos procedentes del delito“.

Por si alguien duda de la relación entre los escándalos de la trama Gürtel y Bárcenas y esta reforma, basta con acudir a las palabras del ministro cuando aseguró que la norma “opta también por sancionar penalmente la conducta de quienes impiden la ejecución de las resoluciones que les condenan al pago ocultando bienes o aportando información falsa a los Tribunales“.

Se pretende introducir un tipo penal para que la financiación ilegal de los partidos políticos sea un delito. Se endurecen las penas para los que provoquen incendios forestales. Y junto a ello se prevén medidas como la obligación de los tesoreros de los partidos políticos de acudir al Congreso de los Diputados. Es fácil advertir que el Gobierno pretende apagar fuegos, sean estos del tipo que sean…

Gobiernos anteriores, de diferente signo político, también abusaron de este mando a distancia que es el Código Penal, para convertirlo en la prima ratio, o sea, el primer instrumento que tiene el poder político para mantenerse en el poder dándole a la gente lo que quiere: calma, tranquilidad y, a veces, venganza (es normal que tras un delito cruento de terrorismo o pedofilia, materias muy sensibles para la sociedad, se endurezcan las penas de los respectivos delitos).

Por eso es necesario vender el producto, asegurar a los ciudadanos que lo que ha pasado nunca volverá a pasar. El ministro Gallardón lo hizo de modo impecable al asegurar que “la respuesta del Gobierno frente a la corrupción está siendo la más firme, resuelta y ambiciosa que este problema ha recibido nunca en nuestra historia, transformando por completo el escenario normativo en el que determinadas conductas, que habían sido posibles hasta ahora, ya no lo van a ser“.

Lástima que siempre aprendamos a golpes, y que sea necesario que nos metan muchos goles para que los ciudadanos exijamos un portero en condiciones.

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Categorías: Res publica | Etiquetas: , | 2 comentarios

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2 pensamientos en “A golpe de Código Penal

  1. Misco

    Nunca podremos aspirar a una política penal seria si se tipifica al ritmo que marcan las portadas de los diarios o las noticias de cabecera de los telediarios. Dicho esto, en los últimos veinte años hemos asistido a una corriente “penalizadora” de las conductas sociales, hasta tal punto que los tipos penales han aumentado en más de un 50%. La estrella ha sido sin duda los delitos contra la seguridad del tráfico, aunque ha habido otros tan sorprendentes como la corrupción entre particulares. Con ser importante la aprobación del nuevo Código Penal, más relevante si cabe será la nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal, por la cual la instrucción de las causas recaerá sobre los fiscales…………….los cuales indirectamente están controlados por el Gobierno. Ahí es nada.

  2. Leon el Africano

    Sí Harry, a lo realizado por el Gobierno y su Ministro de Justicia, respecto de las conductas individuales tipificadas como delitos, se llama marketing político (lucha contra Eres, Barcenas, Urdangarines, Gurtel y amigos del alma, Liceo, ITVs, Castellón y Fabra, Valencia y Camps-Rita, Mercasevilla, Bin Laden y la UGT-A, Marsans, Preferentes, Crisis bancarias vs Desfalcos bancarios, etc. etc. etc.) y en tanto que marketing político dentro de pocos años ya no se hablará del Código Penal como “ultima ratio” en las Facultades de Derecho, sino que pasará a otras disciplinas vinculadas con la Mercadotecnia, por ejemplo, ó se convertirá en optativa para que se estudie en derecho ó en mercadotecnia. Yo desde luego preferiría que mis ingresos para instituciones penitenciarias, que se verán incrementados con este CP, fuesen para EDUCACION, sí educación con mayúsculas. Así hariamos más país y menos CP.
    Fíjate si hay marketing político que, a decir de ese adalid de la derecha democrática que es el Sr. Gallardón “..estamos ante el más moderno y avanzado de los CC.PP. de los países desarrollados…” ¡toma ya¡.
    Lo de moderno se podrá referir a que en tan sólo 17 años se ha redactado otro CP nuevo porque el del 95 ya no sirve, del que por cierto ¿17 modificaciones tiene?, pues sale a una por año, no está mal y magnífica labor de adaptación a nuestro cambiante entorno social.
    Y… avanzado lo será referido a que avanza en más tipos penales y más penas. Pues ¡qué bien¡ En lugar de avanzar reduciendo tipos y penas (una sociedad más preparada y madura), que es lo que tocaría para que el CP sea cada vez menos la “Constitución negativa” de un pais (ver E. de M. de la L.O.10/95).Ello significaría que hemos avanzado en educación y por contra viendo lo “moderno y avanzado” del nuevo PP, podríamos, sin ser demagógicos, añadirlo como un fiasco más al Informe PRISA sobre la EDUCACION en nuestro país.
    Dixit Leon el Africano.

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