Jazz en el Café Central: Scott Hamilton Quartet

Elegante. Ésa es la palabra. No tardamos mucho los asistentes en visualizar ese concepto y aplicarlo a una música que se reproducía a escasos metros con un efecto balsámico, curándonos de las penas, presiones y problemas cotidianos, transportándonos a un mundo de catarsis rítmica y melódica que nos dejó con un inmejorable sabor de oídos, si es que esta ocurrencia fuera posible.

Llevaba ya mucho tiempo sin hacer una reseña breve de algún concierto, y no es porque no haya ido a alguno, más bien al contrario: he ido a tantos, principalmente en Madrid (bendita vida cultural de la capital…), que me pareció una tarea desproporcionada intentar comentar todos ellos. He tenido que esperar a una ocasión excepcional, como la vivida esta semana en el Café Central, parece ponerme manos al teclado y dejar escapar algunas palabras de mi atribulada mente, que todavía anda perdida entre armonías jazzísticas y gintonics. Como debe ser…

Scott Hamilton es uno de los grandes músicos de Jazz. Tanto para los amantes del saxofón, como para los que simplemente disfruten del llamado Neo Tradicionalismo, Neo-bop o Post-bop, la música de Scott entra de manera directa, pura, sin los aspavientos a los que nos acostumbran tantos virtuosos del instrumento. Scott maneja el saxofón con potencia y fuerza, a base de fraseos justos y equilibrados, melódicamente interesantes y tímbricamente exquisitos. Pero no se pierde en la demostración de sus habilidades como intérprete. Aquí tenéis una prueba de lo que pudimos escuchar: se trata de “Bésame mucho“, tal y como esta formación la tocó hace dos años en la sala JAMBOREE de Barcelona.

Respecto a esta canción surgió una pequeña y graciosa anécdota. Pequeña porque yo evité que creciera, y graciosa porque mis acompañantes (e imagino que el propio Scott) se rieron de mí. Resulta que antes de tocar esta pieza, Scott dijo que era una canción mexicana. Bueno, “no sé si es mejicana o no”, comentó. Yo, con la arrogancia osadía, ignorancia atrevimiento e incontinencia verbal curiosidad que me caracteriza, le dije que era cubana. Ahí quedó todo…

Al acabar el concierto me acerqué a hablar con él y, tras felicitarle por una magnífica interpretación, le comenté que había consultado el origen de la canción “Bésame mucho”, y parece que su compositora es mexicana. Pero no es menos cierto, como le comenté y él me reconoció, que una cosa es que la compositora fuera oriunda de México y otra es que la canción en concreto fuera un Bolero, que es un estilo de música cubana. Al final lo dejamos en empate…

Sigamos con otra muestra de este jazz pausado, equilibrado y armonioso. Música de hotel, como diría despectivamente y siempre en broma como buen cubano, mi profesor de piano.

Scott Hamilton se rodeó esta vez, como ya hiciera en la sala JAMBOREE, del trío de músicos catalanes Gerard Nieto, Ignasi González y Esteve Pi. Todos me resultaron muy buenos, correctos en la labor de acompañar a uno de los grandes, sin aprovechar la ocasión para lucimientos personales que acaban desmereciendo al conjunto. Como he aprendido de un tiempo a esta parte, cuando tocas en un grupo de música (jazz o cualquier otro estilo), eres miembro de algo superior, y si te limitas a “jugar” tu papel o rol en la formación (sección rítmica, acompañamiento armónico, melódico…) puedes hacer que todo brille con una luz especial. Pero si intentas ir por libre, acaba ocurriendo lo que a los equipos de fútbol con una única estrella: gana él pero no el equipo.

En este caso el trío de músicos acometieron su labor a la perfección, y ello no fue obstáculo para que Esteve Pi desde la batería se desmadrara en momentos de ritmos incontrolados (eso parecía, pero estaba todo medido y ajustado escrupulosamente) y que Gerard Nieto me asombrara personalmente con una forma de tocar el piano que adoro: sutil, elegante, sin levantar la voz, llevando un comping contundente pero sin intromisiones superfluas, y con unas improvisaciones llenas de gusto y saber hacer (aquí se puede ver un poco). Tuve la ocasión de reconocerle y comunicarle estas impresiones personalmente, y me alegro de que haya pianistas como él que saben guardar sus habilidades para el momento oportuno, y entienden que acompañar a un músico como Scott Hamilton requiere no salirse de unas pautas marcadas.

Acabo esta entrada recordando que tenemos en Madrid una verdadera catedral del Jazz, donde se nos brinda la oportunidad de disfrutar de músicos de altísimo nivel, donde encontramos a intérpretes que llenan estadios en sus conciertos tocando para nosotros, literalmente. La oportunidad de disfrutar de Steve Turre, Joshua Edelman, Javier Colina, Scott Hamilton y otros tantos en un entorno tan íntimo es maravilloso. Hay muchos tipos de jazz, desde las grandes Big Bands del swing hasta las actuaciones de pequeñas formaciones en clubs llenos de humo y alcohol. Hace un mes tuve el honor de asistir a un concierto en una de las salas de conciertos de jazz más míticas del mundo: el BLUE NOTE de New York. Creo que nuestro Café Central no tiene nada que envidiarle. ¡Y que siga muchos años!

Por último, una mención a mis acompañantes. Las penas en compañía son menos penas y las alegrías son más alegrías. Por eso no es lo mismo escuchar un disco de vinilo de Charles Mingus en casa (como hago en este momento) que asistir a un concierto. En este caso, la compañía es imprescindible para contagiarte de ese espíritu que te hace sonreír, vibrar, dar palmas, chasquear los dedos, golpear el suelo con los pies, mover la rodilla y agarrarte a la silla para no levantarte y ponerte a bailar. Cada uno a su ritmo, sincopado o a tiempo, hipnotizados por esa polirritmia tan caótica y ordenada a la vez. Mis acompañantes no se conocían al entrar y salieron del concierto sabiendo un poco más uno del otro. Y mi mente de escritorzuelo, siempre dispuesta a unir eventos separados para que formen un mismo hilo narrativo, se dio cuenta, entre timbales y acordes, que estaba sentado con mi amigo más antiguo a la izquierda y mi amigo más reciente a la derecha. Menudo “Alfa y Omega” de amistad a la que coadyuvaron con complicidad los vinos de Jumilla, las cervezas Chimay y los gintonics London y Citadelle. Lo dicho: si el jazz nacía en antros de humo y alcohol, y ahora no se puede fumar, habrá que compensar de alguna manera…

De como acabamos la noche no digo nada, que luego todo se sabe. Solo apunto que estuve muy cerca de comerle la boca al pianista… ¡ahí queda eso!

Anuncios
Categorías: Do-mi-sol-do | Etiquetas: , , , | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: