Formas musicales II: los estudios musicales

A pesar de que existe cierta discrepancia a la hora de definir género, estilo y forma musical, pues existen ciertos elementos coincidentes o bien varios criterios para definir uno u otros. En todo caso, a los efectos didácticos de esta entrada, consideraremos los “Estudios musicales” como una forma musical, siguiendo la clasificación que se encuentra en la entrada “Forma musical” de la WIKIPEDIA, que para la ambición más bien modesta de este autor es más que suficiente.

Los estudios musicales son piezas generalmente breves que tienen como finalidad principal ejercitar al “estudiante” de un instrumento en ciertas destrezas o habilidades que se requieren para una completa maestría del mismo. Son composiciones para instrumento solista en las que puede apreciarse de manera directa cuál es la dificultad técnica planteada por el compositor, y que persigue dotar al alumno de las herramientas necesarias para afrontar los problemas que futuras obras puedan presentar.

El origen de los estudios musicales lo encontramos a caballo entre el Clasicismo y el Romanticismo. Se ha de resaltar que si bien los estudios son “estudios” (meros ejercicios técnicos para un mejor conocimiento del instrumento), también son o han de ser “musicales”, es decir, deben revestir la forma de una pieza con contenido y sentido musical completo. Con esto en mente, podemos adentrarnos en algunos ejemplos de estudios musicales para conocer cuál ha sido su evolución.

Como primer ejemplo de estudio, y aun a costa de que los doctos en la materia se lleven las manos a la cabeza, me permito el lujo de apuntar algunas obras de J. S. Bach. Y lo hago porque, a pesar de que en la época de Bach no existía el concepto de “estudio musical” en los términos en los que lo estamos planteando, es cierto que algunos autores resaltan en sus biografías el carácter de “estudio” que ciertas obras de Bach destilan. Se trata de obras que han sido utilizadas, en época de Bach o con posterioridad, con fines didácticos, para ejercitar al alumno y permitirle superar ciertas dificultades técnicas. Veamos unos ejemplos:

Suite para violonchelo número 1, Preludio. Cualquier alumno de este instrumento se habrá visto obligado (por imposición de su profesor o por simple admiración ante una música sublime) a hacer trabajar sus dedos a través de los distintos números que componen las suites para violonchelo del genio de Eisenach. Cualquiera que no sea música y comience a escuchar esta obra, podrá pensar que Rostropovich está “realizando un ejercicio mecánico”, pues la figuración rítmica de la obra se mantiene casi constante desde el principio de la obra. Pero si aguardamos un poco nos damos cuenta de que existe una musicalidad, una armonía subyacente, una melodía bella, elementos todos ellos que me llevan a afirmar, con muchos autores sosteniéndolo, que este tipo de obra puede considerarse un estudio musical.

Invención a dos voces para teclado nº1 en Do mayor. En este caso, el carácter de estudio musical es mucho más claro y podemos afirmarlo casi sin ambages. El propio Bach, en el prólogo de sus Invenciones a dos voces, afirma que se trata de una “Honesta guía que enseñará a los que aman el clavecín, y especialmente a aquellos que desean instruirse en él, un método sencillo para llegar a tocar limpiamente a dos voces y, después de haber progresado, ejecutar correctamente las tres partes obligadas. A su vez, aprenderán no sólo a crear nuevas ideas sino también cómo desarrollarlas; y sobre todo, a conseguir un estilo cantabile mientras obtienen una buena muestra de composición”. Ahí queda eso.

Dejamos al maestro y nos centramos en los que se consideran los primeros estudios musicales con unanimidad de criterio. Sobra decir que se recomienda escuchar en su integridad las suites de violonchelo (Rostropovich, Yo-Yo Ma, Mischa Maisky…) o las Invenciones a dos voces (Glenn Gould, Baremboin…), porque son una absoluta delicia. Y si podéis tocarlas, como yo hago con algunas invenciones, os daréis cuenta de lo agradable que puede ser “estudiar”…

Limitándonos al ámbito pianístico, por no extendernos mucho y por ser el que me toca más de cerca, podemos traer a colación a Carl Czerny, que si no es el “padre” de los estudios musicales, sí que es uno de los primeros compositores en dedicar un amplio catálogo de su repertorio a la creación de estudios y ejercicios didácticos para el aprendizaje del piano. Alumno de Hummel (y éste a su vez de Mozart), Salieri y Beethoven, y posteriormente profesor nada más y nada menos que de Liszt, Czerny fue un virtuoso del piano y un verdadero pedagogo del piano, eslabón clave para transmitir la técnica pianística de los grandes clásicos y ofrecerla en las manos de los intérpretes románticos. Algunas de sus obras más famosas en este campo son su “Escuela de la velocidad”, “Escuela preliminar de la velocidad”, “El primer maestro de piano”, la “Escuela del virtuoso” o el “Arte de la habilidad de los dedos”. Se puede apreciar por los títulos que estamos ante verdaderos estudios musicales. Escuchemos algunos ejemplos:

Ejercicios 1 a 18 de los 101 ejercicios , Opus 261. Comienzo con estos ejercicios para que podamos apreciar la diferencia entre los “ejercicios” y los “estudios musicales”. Estos primeros son realmente breves, y en ellos prima el mecanismo, la repetición y la puesta en práctica de una herramienta concreta para solventar una dificultad específica, por encima de otras consideraciones más agradables o de interés musical. Préstese atención a las aclaraciones escritas encima de la partitura, donde se reseña por el compositor el objetivo perseguido.

Estudio en sol menor, nº50 del op. 740. En este ejemplo encontramos, a pesar de la dificultad técnica y de su palpable carácter didáctico, una voluntad decidida a la hora de crear una pieza con contenido musical más interesante que los meros estudios.

Estos estudios musicales, no obstante, son más estudios que “musicales”, razón por la cual han quedado relegados prácticamente a los centros de enseñanza o al ámbito del estudio doméstico por parte del alumno. Difícilmente veremos en una sala de concierto a un intérprete sorprendiéndonos con una estudio de Czerny, Kholer o Bertini.

Johann Friedrich Franz Burgmüller, o simplemente Burgmüller como lo conocen la mayoría de los pianistas que han pasado por el conservatorio, es otro ejemplo, en la línea de Czerny, pero que va un poco más allá en la búsqueda de obras didácticas para piano con autonomía artística y musical (un poco en la línea del “Álbum para la juventud” de Schumann). En sus Estudios op.100 encontramos 25 piezas breves, con una dificultad progresiva, pero que correctamente interpretados, prestando atención a los matices (pedal, dinámica, fraseo…), sorprenden al alumno hasta hacerle parecer un verdadero intérprete de una obra más seria de lo que es. En resumen, se trata de estudios “muy musicales”, sin perjuicio de su baja dificultad y finalidad didáctica. Este año estoy intentando montar los 25 estudios para tocarlos en una audición: si no lo consigo, sé que disfrutaré (y mucho) por el camino, porque son realmente preciosos. Desde aquí mando un emotivo recuerdo a la persona que, durante tantos años, se empeñó en que los tocará y amará como ella. Aunque tarde, ahora te hago caso…

La Estiriana, nº14 del op.100.

Balada, nº 15 del op.100.

Podría seguir poniendo ejemplos como los anteriores, pues como digo me encuentro enfrascado en el estudio de estas “piezas de carácter”, pero no es posible escribir una entrada sobre los estudios musicales sin mencionar al gran Frédéric Chopin.

Chopin eleva los estudios musicales a la categoría de obras de arte, pues sus estudios op.10 y op.25 aunan dificultad y sensibilidad musical extrema, lo que permitió que fueran objeto de recitales desde la época de su composición hasta hoy día (el primero ciclo de ellos, el op.10, fue dedicado a Liszt y genialmente interpretado por éste en varias ocasiones).

Estudio Revolucionario, número 12 del op.10. Esta pieza, cuyo carácter enérgico no puede dejar a nadie indiferente, constituye no sólo un fantástico mecanismo para ejercitar la mano izquierda, sino un verdadero y agradable medio para conocer la bravura de la que Chopin era capaz cuando olvidaba su carácter cantabile… Cuando un pianista consigue montar un estudio como éste, es normal que lo mantenga “en dedos” toda su vida, pues su utilidad práctica y belleza lo merecen. Como sé que la persona a la que he hecho referencia con anterioridad seguirá a día de hoy tocando esta maravilla, se lo dedico por partida doble.

Tristeza, número 3 del op.10. A esto me refería con cantabile… y como sé que también le gusta a ella, ¡pues tercera dedicatoria!

Acabamos esta entrada con unos estudios en los que la finalidad didáctica y artística existe, cómo dudarlo, pero son secundarios al objetivo de lucimiento virtuosístico del intérprete. Me refiero, es obvio, a Franz Liszt y sus Estudios de ejecución trascendente.

Como buen virtuoso del piano, Liszt no desaprovechó la oportunidad de perseguir su sueño de ser “el Paganini del piano” y acometió, dentro de un repertorio pianístico extenso a la par que complejo técnicamente, la empresa de componer una serie de estudios que prácticamente comprendían todas las herramientas, mecanismos y técnicas del piano existentes a la fecha. Es obvio señalar que este compendio pianístico no estaba, ni está, al alcance de cualquiera, y como “estudios” propiamente dichos, son interpretados por pianistas ya consagrados. Escuchemos (y admiremos algunos ejemplos).

Mazeppa, Estudio de ejecución trascendente nº4. Para los que crean que son estudios difíciles, simplemente señalar que Liszt revisó los mismos y publicó una segunda versión, más simplificada, eliminando ciertas dificultades técnicas. Ni que decir tiene que esta segunda versión sigue siendo inalcanzable para muchos pianistas.

Estudio de ejecución trascendente nº7.

Abandonamos a Liszt y con él esta entrada, pues ya nos adentramos en terrenos muy complejos en lo que a la relación entre estudios musicales y virtuosismo se refiere. Podemos descansar en paz con algo de Scriabin o Lyapunov (este último con sus estudios trascendentales en memoria de Liszt…).

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4 pensamientos en “Formas musicales II: los estudios musicales

  1. carliños

    Bravo maestro
    Muy interesante

  2. lulú

    Muy bonito y muy didáctico, también melancólico.
    Yo, con mucho respeto a tu magnifica selección, añadiría un par de ejemplos más recientes como los Études de Ligeti o los Klavierstücke de Stockhausen.

    • Por supuesto que tu “enmienda” es bien recibida, como siempre. Aunque la idea era citar estudios “musicales”, es decir, “agradables al oído”… Jejeje, es broma. Paré en Liszt porque se hacía muy larga la entrada, y mira que no hablé de los magníficos estudios para violín, violonchelo o guitarra. Me alegro de que, como va siendo habitual, me días introduciendo en este mundo de timbres y dinámicas imposibles que llaman música moderna… ¿Para cuándo una entrada/colaboración sobre el particular?

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