Despertar conciencias

El domingo pasé una mala noche pero el lunes tuve un buen despertar. Mala noche porque tuve la ocurrencia de leer antes de dormir el libro “España, ¿a dónde vas?” de Francisco Izquierdo Navarro. Buen despertar porque tras leer un libro como éste, destinado a “despertar conciencias”, descubres que el mundo es un poco diferente, o bien eres tú el que has cambiado…

No voy a hablar de Francisco Izquierdo Navarro ni del libro, porque no merece la pena que yo añada nada más a lo que sus “videolibros” explican con pocas y certeras palabras y sus exquisitos montajes gráficos: el que esté interesado que pelee para encontrar una copia de “España ¿a dónde vas?” (mi versión es de 1972, y trabajo me costó encontrarla…), “la Tercera Sociedad” o “La publicidad política”, porque merecen la pena. Me contentaré con hacer unas cuantas reflexiones que me han surgido al hilo de la lectura del primero de ellos, y cada cual que aproveche lo que pueda, si es que encuentra motivos para ello.

De la miríada de cosas que suscitan mi insaciable curiosidad (a veces creo que sufro epistemofilia patológica o un simple culo-inquietismo), la política y la publicidad constituyen dos elementos claves. La política trata sobre el gobierno de los hombres, y la publicidad, desde otro punto de vista, también. Y siempre he creído que ambas cosas están unidas.

Pensadlo bien: cuando un faraón ordenaba erigir un obelisco con su nombre y las gestas que había llevado a cabo, pretendía dar a conocer públicamente los fundamentos que justificaban y realzaban su autoridad. Se trata de un acto político y publicitario (a un nivel muy rudimentario si los comparamos con sus equivalente del siglo XXI, pero con la misma finalidad). La historia de los hombres, desde el momento en que nos dio por gobernarnos unos a otros (pocos y poderosos a muchos y débiles), es prólija en ejemplos como el anterior. Piénsese en la Columna de Trajano (o cualquier arco de triunfo de la época que elogiaba las victorias del emperador en tierras extranjeras) y comprobaremos que hasta el uso de la radio por el ministro de la propaganda nazi Goebbels, no hemos parado de darle vueltas a lo mismo: política y publicidad.

Si los siglos XX y XXI nos han llevado a una “era de la información”, con prodigiosos avances que nos permiten transmitir texto e imágenes de manera casi instantánea a la mayor parte del mundo, es normal que la publicidad y la política hayan sufrido un revolución más que copernicana.

Me siento cómodo con la idea de que el ser humano actual no se diferencia mucho del que existía en la época de la Roma clásica. De hecho, la mayor parte del atractivo que dicho periodo histórico me suscita se debe a esta relación: estudiar el derecho romano o cualquier otro elemento de la sociedad romana como el urbanismo, el ejército o la política, es una manera simplificada e idónea para estudiarnos a nosotros mismos. Hemos cambiado las togas del senado por el Ipad y la corbata, pero nuestras pulsiones vitales, nuestras inquietudes, defectos, ambiciones, son las mismas.

Esta es la razón de que no me sorprenda el presente, sino el pasado. Cuando leo la crítica demoledora que Francisco Izquierdo Navarro hace de la sociedad actual, de la educación en masa y a distancia, del gobierno de los mercados, del hombre masa, del capitalismo desmedido, del control de la población (posterior al previo adocenamiento de los ciudadanos), del paso del hombre individual que piensa al hombre-masa que no lo hace, cuando leo esto, digo, siento miedo. Porque la edición que está en mi poder es de 1972, un año como otro cualquiera, con la diferencia de que España “no estaba en Europa” (estábamos en los estertores de nuestra propia y peculiar dictadura), internet no existía y el fenómeno de la televisión no estaba tan desarrollado como en el 2012. Sorprenden las preclaras y proféticas declaraciones de este libro, pero lo hacen en la misma medida que otros textos también llamados a despertar conciencias.

Cuando pienso en la actual sociedad recuerdo mi lectura de “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset. La economía me trae a la memoria “La riqueza de las naciones” de Adam Smith, del mismo modo que los problemas sociales me evocan “El manifiesto comunista” de Marx y Engels o la política el contenido de “El príncipe” de  Maquiavelo. Y así podría seguir hasta la “Política” de Aristóteles.

Creedme, lectores: qué poco hemos cambiado. Llevamos dándole vueltas a los mismos temas miles de años, y cuando viajemos por el espacio, no os quepa duda de que nuestras naves espaciales seguirán orbitando, girando, rotando del mismo modo, como nos mostró el genial Kubrick en “2001: Una odisea del espacio”, con los ecos de los tambores de “Así habló Zaratrustra” de Strauss de fondo, parafraseando una de las mejores obras literarias de Nietzche, y evocándome su teoría del eterno retorno. ¡Qué bello y circular todo! Tan bello y perfecto como una esfera. Tan circular y sin salida como una cárcel…

La única diferencia entre el hoy y el ayer la puse de manifiesto más arriba: los avances tecnológicos han cambiado los mecanismos y consecuencias de la política y la publicidad. El control de masas ya existía, pero nunca se había llevado a cabo con tanta crudeza, con precisión quirúrgica, con frialdad de laboratorio. Los individuos, los pocos que quedan, son libres por naturaleza, pero la masa no. La masa, lo que somos como sociedad (ciudadanos, votantes, clientes, usuarios…) somos objeto de estudio, carnaza de laboratorio, cobayas de una nueva “Ciencia de la Manipulación” cuyos efectos ahora empezamos a sufrir, pero que no constituyen sino el principio de lo que está por venir…

Ahora más que nunca, necesitamos despertar conciencias en la población.

Porque la sociedad nunca ha estado tan dormida y aletargada como ahora. En el pasado existía la ignorancia y el analfabetismo, pero las personas eran conscientes (en mayor o menor medida) de sus carencias y de su falta de conocimientos. Ello provocaba una gran incultura general, pero una humildad y prudencia relativamente grande. Hoy en día, por el contrario, la sociedad del primer mundo se ufana por sus tasas de analfabetismo ridículas y por un mayor y más rápido acceso a grandes volúmenes de información. Nunca antes habíamos sido tenido tanto conocimiento tan cerca, y a la vez estamos más dormidos que nunca.

Porque la abundancia de productos para elegir nos hace libres para comprar uno de ellos (y creernos únicos con nuestra elección) pero no somos libres para no comprar. El exceso de información nos satura y nos confunde, y sus efectos perniciosos son tan sibilinos que llegamos a creer que somos libres para formarnos una opinión independiente sobre cualquier tema. Podemos viajar a cualquier parte del mundo, pero sin duda vamos a hacer lo mismo en todos lados: cola en el museo, fotografía a lo “fotografiable”, paso por la tienda de souvenirs y vuelta a casa…

Las mismas herramientas que nos permitirían la mayor libertad individual, son usadas por esta negligente política/publicidad del siglo XXI para cogernos de la mano y guiarnos como ovejas a un matadero que parece bonito, pero que supone el adocenamiento, la vulgarización, la transformación en el hombre-masa mediocre y esclavo. Estoy hablando de los productos que nos venden como necesarios, de los mediamarkets y sus aipods, aipads y aileches (“yo no soy tonto”… no, ¡eres gilipollas!), de los macburguerkings, los fútbol, eurovisiones, telenovelas y otros excrementos de la telebasura, de los discursos miméticos de los políticos, de sus falsas promesas e hipocresía galopante…

¿Y qué nos queda? Pues intentar estar despiertos, atentos, individuales, únicos. Platón ya lo decía con su mito de la caverna (cuidado con el que piense que “mito” tiene algo que ver con cuento infantil…), y lo mismo, pero reciclado, se encuentra en Matrix y sus píldoras: detrás de la realidad que vemos (o nos ponen delante) hay otra, más profunda y verdadera. Una realidad en la que se puede apreciar los grandes juegos de dominación que unos pocos (los mismos de siempre) han ejercido sobre unos muchos (también los mismos de siempre) y que han marcado los escalones de los pocos pasos que los seres humanos hemos dado desde que nos caímos del árbol: Religión. Economía. Poder. Siempre poder. Sólo poder.

Cierro ya esta entrada porque cuando las cosas no se pueden explicar bien con pocas palabras, es mejor dejarlo. Otros días tendré para volver sobre lo andado e intentar mejorarlo. Por ahora me basta con recomendar que si alguna vez leéis algo que os hace pensar, tenéis la sensación de que os están engañando, o que el sistema está abusando de vosotros, iréis por el camino correcto. Seguid por ahí, tirad de ese hilo y confiad en que la buena de Ariadna os haga de guía en un mundo de luz y razón, de pensamiento individual y libertad real. Un mundo en el que nuestra consciencia despierte cada día más, y este sueño aletargado en el que nos encontramos quede como un simple recuerdo, cuando no una vieja pesadilla…

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Categorías: Visiones fugitivas | Etiquetas: , | 4 comentarios

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4 pensamientos en “Despertar conciencias

  1. Excelente lo tuyo como siempre! te recomiendo el libro La cajita infeliz de Eduardo Sartelli. Más allá del contexto socialista o marxista que puede tener su escritura, es un crítico profundo de la sociedad actual (consumo). A mí me costó terminarlo sin que me de un ataque de depresión aguda, pero no solo es un: España a dónde vas? es el Mundo!! a dónde vamos!! Abrazo desde Buenos Aires

    • “Mundo, ¿a dónde vamos?”… tú lo has dicho, Chestela. Gracias por el comentario y los ánimos que das para que siga escribiendo. Y la recomendación que haces me llena de curiosidad (Un libro que al terminarlo te da un ataque de depresión aguda… ¿cómo no atreverse a leerlo? Estoy cansado de libros que los terminas y acabas igual que antes de empezarlos, pero con menos tiempo).

      Una de las cosas que leí en este libro que comento, es que el mundo se ha hecho muy pequeño en poco tiempo. De “la vuelta al mundo en 80 días” de Julio Verne hemos pasado a la vuelta en mundo en 80 horas. Eso significa que el mundo ha pasado en poco tiempo a ser ¡24 veces más pequeño! Una muestra de ello es saber que tú me estás respondiendo desde Buenos Aires, y que a tantos kilómetros de distancia, puede haber cosas que unen a las personas.
      Un abrazo desde Madrid y estaré atento a tu blog, porque acabo de visitarlo y me llama mucho la atención. A pesar de llevar Japón en el cuore (estuve tres años aprendiendo japonés y lo he visitado varias veces), tengo una visita pendiente a Iberoamérica, gran desconocida para mí… igual necesito “buenos aires”…

      • Pues cuando quieras buenos aires y darte una vuelta por el resto del país también, serás bienvenido! Gracias por visitar mi blog y como habrás visto, la tribu de los “culoinquietos” es grande y estamos, para bien o para mal, por todos lados! jaja. Un abrazo y buena semana! No dejes de escribir que es un gran aporte el que haces. A vos te hace feliz hacerlo y a nosotros recibir tus reflexiones 🙂
        Si consigues el libro aunque sea virtual sería fantástico. Aquí está agotado

  2. carliños

    I agree

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