No cometáis el mismo error dos veces: hay una larga lista de errores diferentes para elegir…

Se comenta que el ser humano es el único animal capaz de tropezarse dos veces con la misma piedra. El problema viene cuando nos damos cuenta de que esa piedra nos hará tropezar tres, cuatro y hasta mil veces si tenemos tiempo para ello. Y al final de nuestros días nos enterrarán bajo las piedras que nos han acompañado siempre, que no serán muchas, sino pocas, y bien redondeadas tras muchos años dándole puntapiés…

Desde el mismo momento en que vivimos en sociedad nos damos cuenta de que nadie está libre de cometer errores: toda persona que interactúa con otros se expone a errar. Y de ello no se libran ni los llamados “inactivos”, pues la omisión, cuando hay deber de actuar, puede llegar a ser social (y hasta jurídicamente) reprochable.

¿Os habéis parado a pensar alguna vez el porqué de esta tozudez humana de insistir y reincidir en los mismos errores? ¿Es que somos más tontos que el resto de animales? ¿No podría ser, a pesar de la paradoja, una muestra de nuestro mayor intelecto?

Puede que ésta sea la triste realidad: la forma en la que está configurado nuestro cerebro condiciona la reiteración de conductas que serán calificadas socialmente como errores. Cuando un lobo detecta un peligro su instinto se encargará de protegerle. Así, al pasar por unas zarzas con espinas, el lobo saldrá corriendo y no volverá a pincharse (al menos con las mismas zarzas). El instinto, que es a la vez “falta de intelecto”, aseguran la supervivencia.

Pero los humanos, como homo sapiens, hacemos gala de una mente superior que nos ayuda a interpretar la realidad, a percibir lo que nos rodea de una manera diferente (no sólo con los sentidos, sino a través del filtro analítico de nuestra lógica). Estas estructuras cerebrales condicionan, junto con otros hábitos como la educación, la forma en la que actuamos y respondemos ante los distintos eventos.

Cada uno responde de manera diferente ante un mismo evento, pero todos respondemos casi siempre igual a como lo hemos hecho en el pasado. Porque actuamos conforme a unos criterios que son difícilmente mutables: se pueden corregir detalles, pero no los pilares y cimientos que sustentan nuestra personalidad.

Por eso los bocazas hablarán más de la cuenta muchas veces, y los que tengan poca autoestima acabarán dominadas en no pocas ocasiones. Las personas tímidas pecarán por defecto en la misma medida que los arrogantes lo harán por exceso.

Sólo aquellos en cuyo cerebro se aloje más instinto que razón tendrán la suerte de actuar de modo tan aleatorio, tan caótico, tan poco lógico y regular, que nunca cometerán el mismo error dos veces: estarán demasiado atareados tropezando con las miles de piedras que hay en el camino.

A lo mejor resulta que podemos estar orgullosos de un comportamiento tan aparentemente estúpido como es incurrir siempre en el mismo error.

Los que me conozcan sabrán mis virtudes y defectos. Y sabrán cuales son los tres o cuatro tipos de errores que suelo cometer (no es modestia, es que la mayoría de nuestro actuar se puede reconducir a una tipología reducida). Y eso es bueno. Porque saber los tipos de errores que alguien va a cometer nos da seguridad y permite anticiparnos a sus reacciones. Nos molesta porque nos resulta “poco inteligente”, pero si lo pensáis bien, igual podemos sacar algo bueno de esta peculiar forma de inteligencia…

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Categorías: Visiones fugitivas | Deja un comentario

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