Integral de cuartetos de cuerda de Schönberg… ¡prueba superada!

Cuando uno oye hablar de Arnold Schönberg sabe que se está tratando un tema serio. La primera vez que leí algo de este genial compositor sentí una suerte de admiración: cómo podía alguien pretender derribar un sistema tonal que ha guiado la música occidental durante varios siglos y plantear una alternativa que hoy, casi cien años después, todavía es difícil de escuchar.

Pero una cosa es leer a Schönberg y otra es escuchar su música. Cuando escuché alguna de sus obras, he de admitir que quedé consternado: ¿eso era música?

Tuve la reacción típica ante una música a la que mis oídos no estaban acostumbrados, pero me intrigaba el hecho de que un teórico musical tan importante como Schönberg, conocedor de la práctica armónica común (desde Monteverdi hasta principios de siglo XX), compusiera lo que mi oído sólo podía calificar como aberraciones o, en el mejor de los casos, expresión del mal gusto.

Finalmente opté por dejar de escuchar su música e intentar una aproximación más intelectual a este fenómeno (la música) que permite ser observada y analizada desde distintas ópticas (audición, interpretación, análisis formal, literatura…). Buceé entre libros que hablaban de la llamada música contemporánea, Copland y Gould entre otros. Años he tardado en considerarme medianamente preparado para afrontar esta música, pues fui dando pasos muy meditados y entrando en contacto levemente con autores como Ligeti o Gorecki.

Este sábado pasado tuve la oportunidad de oro para ponerme a prueba, para un verdadero bautismo de fuego en la esfera de la música contemporánea (y reconozco que es triste llamar “contemporánea” a una música compuesta en 1909 o 1936, pero es lo primero que la gente pensaría cuando la escucha por primera vez). Mi amigo Sergio me invitaba a un concierto en el Auditorio Nacional: la integral de los cuartetos de cuerda de Schönberg. Si no quería caldo, ¡ahí tuve dos cazos!

La integral de los cuartetos de cuerda es un monumento musical como existen pocos de ese tipo (a primera vista me sale Beethoven y alguno otro). El propio Schönberg consideraba que escuchar estas obras era una buena forma de apreciar su evolución musical (postromanticismo, expresionismo, dodecafonismo, serialismo…).

Estos cuartetos son muy difíciles  de escuchar (es decir, de entender) y, por descontado, de tocar e interpretar correctamente. Y si hablamos de tocarlos seguidos (más de media hora cada uno de los cuatro cuartetos), podemos considerar que nos hallamos ante una especie de “maratón musical”. En este aspecto, he de admitir que el conjunto “Cuarteto Diotima” demostró una perfección sobrenatural y una ejecución sobresaliente.

Os engañaría si os dijera que disfruté todos y cada uno de los compases. Eso ocurre con muy pocos autores (hasta Mozart puede llegar a aburrir). Pero sí puedo afirmar que disfruté con aspectos que no son habituales cuando vamos a un concierto de música más, digamoslo, accesible. El contrapunto, la dinámica, el juego de pregunta y respuesta, la polirritmia y el timbre que Schönberg consiguió extraer de esta pequeña familia de instrumentos de cuerda, son elementos que te sobrecogen cuando estás en el auditorio.

Os pongo algunos ejemplos, para que sepáis de qué estamos hablando.

Final del cuarteto número 3

Seguramente pensaréis que esto no es música. O, en el mejor de los casos, que es música mala. Pero me gusta comprobar que yo pensé así, y que tras mucho escuchar y leer, pude acomodar mi oído (y mi cerebro, que al final es quien procesa la información) para disfrutar esta música. Sobre todo en directo, que os aseguro que cambia absolutamente el fenómeno de la audición musical.

Después de escuchar el cuarteto número 3, probad a escuchar este otro fragmento del primero de sus cuartetos, y veréis cómo la cosa cambia. Seguro os encontráis más cómodos. Pues ése es el secreto: aprender, acostumbrarse, perder el respeto, el miedo y, sobre todo, alejar los prejuicios. Aunque, eso sí, que no os den “gato por liebre”, pues en la música moderna hay mucho estafador que pretende innovar por innovar. Os aseguro que Schönberg no.

Aquí tenéis una muestra de alguna de sus obras. Juzgad vosotros.

3 piezas de piano, op 11.

La noche transfigurada.

Concierto de violín.

Sorprendente que algunas de estas composiciones tenga un siglo de vida, y todavía no seamos de escucharlas y comprenderlas en su totalidad.

Por cierto, el concierto lo vimos en primera fila, a dos metros de los intérpretes, y costó 6 euros. Muy poco para tratarse de la primera vez que se tocan en España y una de las primeras en todo el mundo. ¡Un pequeño paso musical para el mundo y un gran paso para mi aprendizaje!

Y todavía me dice la gente que la música es cara…

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