Gastrodisea 2011

Agosto de 2011 fue la fecha señalada. Después de darle muchas vueltas por fin nos decidimos a realizar una ruta gastronómica por España. Cuando ya has visto iglesias, playas y montañas, por qué no hacer turismo con otros sentidos y disfrutar casi exclusivamente de las excelentes comidas y caldos de nuestro país.

La zona elegida fue el norte de España, elección obvia pues los tres “gastronautas” somos del sur y queríamos probar cosas diferentes.
Salimos desde Guadalajara dirección San Sebastián. Como recientemente La visité en moto con ocasión del festival de jazz, recomendé evitar la carretera de Burgos (que está entera levantada y en obras) y viajamos por Soria, atravesando el puerto de Piqueras y el maravilloso Parque Natural de la Sierra de la Cebollera. A pesar de que una norma no escrita pero que cumplimos a rajatabla nos impedía desayunar (para no escatimar con el almuerzo), no pudimos evitar tomar un café en Medinaceli, precioso pueblo con una situación excepcional. Al café acompañaron dos milhojas con mantequilla de Soria y en las tiendas de repostería tradicional de la Plaza Mayor hicimos acopio de “paciencias”, “almendritos” y otros dulces de la zona.

A las dos de la tarde estábamos parando en Logroño para acometer la primera etapa de nuestro peculiar viaje: MESÓN EGÜES.

Lo primero que me llamó la atención al sentarme, a parte de una decoración tradicional y el hecho de que la cocina estuviera en el centro del salón, lo que la vista y el olfato agradecen, fue la música de ambiente: el concierto nº5 de piano “Emperador” de Beethoven. Pocas veces me han recibido con tanto agrado en un restaurante, y mis oídos lo agradecieron.

Pero vamos al yantar, que para eso estamos.

Como entrantes pedimos pimientos del Piquillo, ensalada de bacalao asado y setas con foie a la plancha.

Los pimientos estaban excelentes, con un aroma ahumado a leña muy sorprendente. El bacalao en su punto y las setas prodigiosas, tanto en textura como en sabor.

Los platos fuertes los constituyeron unas alubias con reducción de Rioja, pimientos con jamón y un chuletón especial a la brasa de 450 gramos, con guarnición de tomate crudo y todo convenientemente regado con un Rioja: Azpilicueta crianza 2007.

Las alubias y los pimientos asados estaban bien. Pero la carne resultó especialmente blanda, con una grasa muy sabrosa. El propio cocinero comentaba en broma: “cuando alguien me pide mantequilla le doy esta carne”. Y no le faltaba razón al comentario. Los tomates, por último, valían su peso en oro: un producto excepcional, con sal de calidad y un aceite de oliva exquisito.

Los postres nos dejaron un muy buen sabor de boca. El tiramisú era aceptable, pero para mi gusto le sobraba la miel y la canela. Los rollitos de membrillo y queso Idizabal perfectos, pero la palma se la llevo la tarta de queso (tuvimos que repetir, muy a nuestro pesar, cuando nos enteramos del irrisorio precio de tres euros que costaba semejante ración). Pocas veces, puede que nunca, hemos probado una tarta de queso con una textura tan cremosa y agradable al paladar.


La cuenta de todo este manjar nos resultó escueta, 119€, valorando que nos invitaron a los cafés, la segunda tarta de queso y a un chupito de pacharán casero, riquísimo, que terminó convirtiéndose en una botella de un litro. Y con todo esto en el cuerpo, salimos para las bodegas de Marqués de Riscal, en el pueblo ELCIEGO. Visita a la bodega antigua, guía explicando todo el proceso del vino, admiración ante la bodega nueva obra del famoso arquitecto Frank Ghery (el mismo que construyó el museo Guggenheim de Bilbao) y al final cata de vinos. Por supuesto, salimos de allí con el maletero lleno de botellas, y rumbo a San Sebastián.

La noche fue tranquila, lo que es decir mucho cuando llegas en la Semana Grande de San Sebastián y en mitad del concurso de fuegos artificiales. Unos poco pintkos nos colocaron con suavidad en la cama, preparándonos para el día siguiente.



Al día siguiente la estación gastronómica fue el BODEGÓN DE ALEJANDRO, en la parte vieja de San Sebastián. El menú degustación que pedimos se auxilió de dos entrantes que nos dejaron bastante indiferentes: cocochas en salsa verde y tortilla de bacalao. No estaban mal, pero esperábamos mucho más teniendo en cuenta el precio de los platos (22€ y 13,5€). Por suerte, el menú degustación nos satisfizo sobremanera.

Los platos que componían el menú fueron: 1. Aperitivo de tostada frita fina con gazpacho de sandía (increíble), 2. Lasaña de anchoas marinadas con pisto y crema ligera de gazpacho (excelente), 3. Arroz cremoso de chipirón ligado con aceite de oliva y lascas de queso idiazabal (muy bueno), 4. Lomo de merluza con patata rota y vinagreta de cítricos (un escándalo), 5. Carrillera de ternera guisada sobre terrina de patata y bacon, con jugo tibio de pimientos asados (nada destacable), 6. Torrija empapada en nata fresca y yemas de huevo, caramelizada y tostada en sartén y helado de queso fresco (magnífica), 7. Ñoquis de melocotón picante con helado de coco y jugo de vainilla (uno de los mejores y más originales postres que hemos probado).

Los vinos que maridaron este menú fueron un Tkakolí de Guipuzkoa, un Viña 65 y un Aura, ambos Rueda Verdejo de 2010, un Baigorri de Rioja Alavesa crianza 2007 y para el postre un vino semidulce  casero con naranja. Con los cafés nos invitaron a un rico licor de leche merengada con ron y mini-muffins. En total, 217€ de puro disfrute, aunque pudimos habernos ahorrado las cocochas y la tortilla de bacalao. Lo peor de todo fue subir las escaleras para salir a la calle con la barriga tan llena…

La noche fue más ligera, entre fuegos artificiales y pinchos. Menos mal que por la tarde habíamos ido a los encantadores acantilados de Zumaia y disfrutamos de un buena tarde de playa y olas para quemar algo de lo que habíamos comido.

Al día siguiente dejamos el País Vasco para encaminarnos a la frontera entre Cantabria y Asturias, a un pueblo muy pequeño junto a San Vicente de la Barquera. Y como íbamos sin rumbo ni plan fijo, aprovechamos la visita a San Vicente para degustar un magnífica comida en el famoso restaurante BOGA BOGA.

Lo primero que pudimos percibir cuando empezamos a comer, era que en San Vicente de la Barquera las raciones son grandes. Muy grandes. También en Asturias comprobamos que “la gente del Norte” es tan exagerada comiendo como “los del Sur” contando chistes.

Dio comienzo el banquete con unas almejas a la sartén y unas anchoas barquereñas que estaban tremendamente ricas. Pero la marmita de bogavante eclipsó cualquier otro plato. Lo pedimos por ser la especialidad de la casa y, debido a su precio (58€), la intención era compartirlo entre los tres. Nunca pudimos imaginar que nos traerían un exquisito guiso con patatas y bogavante dentro de una marmita de las que usan en el ejercito para que coma todo un regimiento…

Tras estos entrantes demoledores (la foto de la marmita no hace justicia al tamaño… pensad que la cuchara es un cucharón de servir y que el plato es el que está al fondo), llegaron los tres platos principales: un rodaballo a la plancha francamente bueno, una merluza estilo Boga Boga espectacular y un bonito con tomate muy fresco, pero exageradamente grande.

Los vinos que acompañaron a estos pescados fueron un Louro de Bolo, Godello 2010 denominación de origen Valdeorras y un Blanc Pescador de Girona. Los postres nos remataron: Helado casero de arroz con leche y salsa de canela, tarta de queso con frutos secos (muy digna) y una tarta de almendras con yema de huevo (rica, pero muy pesada a esas alturas).

Los 218 € de la cuenta nos parecieron a poco, siempre que hubiéramos comido seis personas en lugar de tres. Pero ya estábamos en el cenit del viaje, y ese día fue el único que, tras un ágape de semejantes características, tuvimos la osadía de cenar. Y cenar en una sidrería asturiana de pueblo no es ninguna broma…

 Lo más destacable de la sidrería LA CASA DE ABAJO, junto al pueblo El Peral, fue la tabla de quesos, como no podía ser de otro modo en Asturias, y la sidra: fresca, rica, servida con un escanciador automático en cada mesa y muy barata. Casi acabamos seis botellas por la noche, a pesar de que nos dijeron que no era la temporada de la sidra.

Al día siguiente comimos en la misma sidrería, ya que las raciones eran abundantes y muy baratas: tortilla de queso cabrales, chorizo a la sidra, costillas de cerdo a la brasa, croquetas de jamón, etc…

Los excesos del viaje iban haciendo mella en nuestros estómagos, por lo que la comida en la sidrería fue liviana en intención, mas no en nutrición. Tuvimos que acudir a la encantadora playa de Cuevas de Mar a movernos un poco y por la noche disfrutar de un concierto en Llanes.

La noche del tercer día y el almuerzo del cuarto día fueron algo más suaves en la sidrería, a pesar de que la sidra corría y corría y que las croquetas, las costillas y los quesos (especialmente el ahumado, el de Casín y el magnífico Cabrales) invitaban a permanecer más tiempo en la “Casa de Abajo”. Se notaba, como comentaba más arriba, que nuestro cuerpo nos pedía una tregua. Y vino bien para afrontar la última etapa que llegó al quinto día, cuando de vuelta a Guadalajara paramos en Segovia para comer en el archiconocido CÁNDIDO.

Poco hay que hablar de uno de los más conocidos restaurantes de Segovia (y de España, podría decirse). Su emplazamiento junto al Acueducto romano y su exquisita gastronomía siguen manteniendo al Cándido como referente culinario, especialmente cuando hablamos de cochinillo al horno…

Nuestro último menú consistió en una tabla de quesos manchegos, una menestra de verduras con jamón, unas delicadísimas setas con piñones y aceite trufado, una lasaña de trigueros y jamón, una perdiz entera en escabeche, un chuletón a la brasa y el famoso cochinillo asado al horno como sólo en Cándido puedes encontrar: pura mantequilla. Llovió Dehesa de los Canónigos, crianza de 2007. El postre se limitó a una “sorpresa” de helado de vainilla, café y turrón dentro de un merengue con flameado de ron.

Los 157€ de este homenaje marcaron el final de la Gastrodisea 2011, a pesar de que, para evitar pasar de 100 a 0, la noche del quinto día, ya en Guadalajara, fuimos a cenar a una pizzería italiana llamada ESTRÓMBOLI, muy recomendable por su horno de leña, su risotto y demás delicias (por supuesto, a un nivel muy inferior a los anteriores restaurantes).

Acaba así la primera de las rutas por España dedicadas a la gastronomía de nuestro país. Ha sido una experiencia enriquecedora, pues a pesar de visitar ciudades muy bonitas (San Sebastián), playas preciosas (Zumaia o Cuevas del Mar), pueblos con encanto (San Vicente de la Barquera y Potes) y montañas mágicas (Picos de Europa), el objetivo del viaje fue la comida y la bebida. Y así lo hicimos con férrea disciplina. El maletero volvió a reventar de “viandas del terruño”: vinos, quesos, mermeladas, miel, dulces…

Recuerdos y souvenires mucho más interesantes que las típicas fotografías de monumentos…

Ahora toca volver a la rutina, dieta, deporte y mesura. Y sobre todo, volver a escribir, que esta tribuna estaba bastante abandonada…

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Categorías: Rutas por España | Etiquetas: , , , | 6 comentarios

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6 pensamientos en “Gastrodisea 2011

  1. Juan Priego

    Me has puesto los dientes tan largo que un poco más y destrozo el teclado, con los dientes y la salivación. Es uno de mis deseos, hacer una cosa, así. Cuando me recupere económicamente me gustaría hacer lo mismo y espero que podamos compartirlo.

  2. Emilio

    Ayyyy los dientes largos dicen por ahí

    Mentira!, Envidia cochina y amarilla!!!!!! no está ni bonito disfrutar de esa manera.

    La próxima se organiza mejor y voy yo 😛

    Un abrazote!

    Emilio

  3. Lucas

    Leer esto desde las antipodas no es recomendable…sobre todo sabiendo que pasara muuuuuuuuuuuuuuucho tiempo antes de poder darme un homenaje de ese calibre… Bueno, por lo menos tenemos este post para soñar un rato…jejeje
    Un abrazo

    • Seguro que en esas antípodas algún valenciano está preparando una suculenta paella que nada tiene que envidiar al resto de tesoros gastronómicos españoles. Un abrazo fuerte, campeón. Cuando estés por estas tierras, hacemos la segunda crónica…

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