Democracia Real Ya (mismo)

Llevo más de una semana mordiéndome la lengua (y los dedos) para no hablar (teclear) sobre el movimiento “Democracia Real Ya” (DRY). Desde que comenzó me interesó bastante y como todo español medianamente comprometido con la política, esperé a ver de qué iba todo esto. El impacto mediático que ha tenido en los días previos a las elecciones del 22-M, gracias principalmente a las distintas acampadas que han tenido lugar en las plazas de muchas ciudades españolas, me convenció de que era mejor esperar a que pasara el domingo para escribir esta entrada. Así he hecho y ahora llega el momento de valorar…

Desde hace varios años, en los que mi formación profesional y mi interés por la política me han hecho madurar como ciudadano, llevo reivindicando la necesidad de que la sociedad despierte ante determinados atropellos que se están produciendo en la vida pública. Pero uno es de la opinión de que cuando hay comida se piensa, pero cuando hay hambre se actúa. Por eso era necesaria una situación de crisis económica y social tan intensa como la que se vive en España para que de una vez por todas nos dignemos (no indignemos) a hacer algo como ciudadanos. Por desgracia esta situación ha llegado. O por suerte, según se mire.

Voy a intentar resumir algunos aspectos de este movimiento que está naciendo y que nadie sabe dónde ni cómo acabará. Reforzaré lo que me parece correcto y me opondré a aquello que creo que perjudica al interés del mismo, como no podía ser de otra manera si queremos creernos esto de ser crítico, coherente y responsable con las ideas de cada uno.

1. Precipitación. DRY ha surgido con fuerza, y muestra de ello es la repercusión mediática que han tenido las acampadas, no solo en España, sino en el mundo entero. Sin duda el hecho de haberse elegido la fecha del 15-M (una semana justo antes de las elecciones) ha ayudado a ello. Lo que en principio se podría considerar un éxito, es a mi parecer una posibilidad de fracaso. DRY podría haber surgido hace seis meses, o bien comenzar el mes que viene. La indignación que alienta al movimiento ya se sentía hace años y seguro que nos da motivos para indignarnos en los siguientes. Por ello no es estúpido pensar que cualquier momento hubiera sido idóneo tanto mirando hacia atrás como hacia delante. Pero la coincidencia con las elecciones ha provocado un efecto nefasto, pues mucha gente ha creído que el movimiento surgía para influir de alguna manera en el resultado. Hay mucha gente que esperaba algún tipo de efecto catártico, tal como una abstención/voto nulo/voto en blanco en porcentajes abrumadores. Y los efectos que se han producido ya los profetizaba hace una semana con un amigo en Facebook: aumento de votos nulos/blancos poco significativo y mayoría aplastante del PP. Lógico si tenemos en cuenta que tradicionalmente el votante del PP (siempre hablando en términos generales) ha sido fiel en su votación, y que los votos blancos, nulos y abstenciones se han nutrido del descontento con el PSOE.

Para aquellos que piensan que el resultado DRY se queda en su influencia en el resultado de las elecciones, simplemente decirles que se equivocan. El resultado está por ver, porque hay mucho por hacer. Quizás no se vea ni siquiera en las siguientes elecciones generales. La sociedad no se cambia de la noche a la mañana. Y menos pacíficamente.

2. Organización. Es muy importante para el futuro de DRY que se dote de una organización lo más rápidamente posible. De hecho, es la principal prioridad. Cada día que pasa sin que haya una o varias cabezas que representen al movimiento es una jornada perdida. La naturaleza demuestra que las criaturas acéfalas y policéfalas no sobreviven. Se ha comenzado con una página web, lo cual en los días que corren es algo necesario. Pero se deberá dar, tarde o temprano, el salto a algo más estable, representativo y modélico. El sentimiento que tengo es que se han pedido muchas cosas y no se ha pedido nada.

3. Demandas concretas. Las movilizaciones y acampadas que están teniendo lugar son algo diferenciado de DRY, pero es obvio que constituyen una manifestación o externalización del mismo sentimiento que dirige a DRY. Pero como es obvio, las peticiones que se hacen desde estos movimientos ciudadanos son la suma de peticiones individuales y espontáneas. Encontramos lemas y consignas antisistema, anarquistas, ecologistas, anticapitalistas, feministas, mezclados con un poco de movimientos anti-maltrato de animales y aquellos que exigen una regeneración en la vida política. Todas estas peticiones, tan justas como las que yo mismo pueda sostener, pueden enturbiar (si no entorpecer) la viabilidad de DRY. Es necesario priorizar cuáles son las principales peticiones y cuáles son las subsidiarias. Una vez que tengamos claro las peticiones prioritarias (que no son sólo las más importantes o capitales, sino las más realistas y prácticas), debemos ponernos de acuerdo en cómo alcanzarlas. La casa no se construye por el tejado nunca.

4. Democracia. Se dice que la Democracia es el gobierno del pueblo, lo cual no es del todo cierto. O al menos lo es desde un punto de vista demagógico. La Democracia (olvidémonos un poco de la Grecia clásica y casi de la Ilustración y sus diversas cartas burguesas de derechos y libertades de los ciudadanos) supone que el poder nace del pueblo. Hasta ahí todos de acuerdo. Pero cómo se ejerce ese poder es otra cuestión bien distinta. En España tenemos una democracia representativa, con muchos defectos y con no pocas virtudes. Si pretendemos cambiar esto, debemos plantearnos si lo que queremos es sustituir la democracia representativa por otro tipo de forma de gobierno (dictadura, comunismo o cualquier mezcla de los anteriores que se nos ocurra meter en nuestra probeta sociopolítica) o bien queremos mejorar los defectos de la primera.

A mi entender, llevamos suficientes años de democracia representativa (desde la constitución de 1978 y las primeras elecciones bajo la misma) como para ser conscientes de los aciertos y fallos de este sistema. Y algo me da que la ciudadanía no ha hecho nada para enmendar estos fallos. Creo que antes de cambiar el sistema por defectuoso, debiéramos intentar arreglar lo que no funciona. Sólo después de varios intentos, cuando seamos realmente conscientes de que el sistema, aun reparado, sigue fallando, podremos pensar en cambiarlo.

La democracia representativa, esta que tanto se critica, tiene cosas buenas. Sin ir más lejos, hace menos de cincuenta años no era posible llevar a cabo muchas cosas que hoy día hacemos. ¿Nos quejamos de que ha habido represión policial ante las acampadas? Suerte tenemos de que podamos hacerlas. Con una dictadura como la que hemos vivido durante cuarenta años la mitad de los acampados hubieran acabado allí mismo, en Sol, pero en los calabozos del Ministerio de Gobernación. Otros, muchos, enterrados en algún cementerio con un disparo en la cabeza. No subestimemos las virtudes de la democracia. De hecho, que podamos estar ahora cuestionando la naturaleza de la misma e intentando regenerarla desde dentro ya es la mejor muestra de las bondades de este sistema que tantas libertades ha permitido. Lo cual no significa que no tenga defectos (muchos), y por ello los ciudadanos debemos ser responsables y exigir que se reparen los mismos.

5. ¿Partido político? Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política (artículo 6 de la Constitución española de 1978). Si nos creemos esto, más nos vale exigir que su funcionamiento sea realmente democrático (artículo 6 in fine) y que desaparezcan los episodios de corrupción, la impunidad, los privilegios desorbitados y demás endemias de nuestro sistema. Está claro que el país no puede ser gobernado por todos los ciudadanos. Se hace casi necesario la delegación en ciertos representantes públicos. Ahora bien, si mi voto permite elegir a quien me representa, de algún modo soy responsable de esa delegación, de manera que si no estoy de acuerdo con la gestión de los intereses públicos debo utilizar los mecanismos (o crearlos de no existir) para hacer patente este descontento. En último extremo, el representante debe ser consciente y actuar condicionado por el representado.

Si los políticos (siempre hablando en general, pues me consta que en todo esto hay mucho de “pagar justos por pecadores”) no gestionan correctamente los asuntos públicos, los ciudadanos debemos exigir que actúen con la corrección debida. Hasta ahora hemos hecho poco en ese sentido. Parece que empezamos a despertar. Cuando hayamos intentado por activa o por pasiva “enmendar” a nuestros dirigentes, y comprobemos lo inútil de nuestra acción, será el momento de plantearnos cambiar de sistema. Pero creo que no hemos hecho mucho por evitar casos tan flagrantes como la corrupción en la vida pública, y sería muy precipitado condenar un sistema sin habernos tomado la molestia de corregir aquello que sabemos que falla.

Si nos vemos incapaces de hacer que los grandes partidos adopten ciertas medidas acuciantes, porque afectaría a sus intereses (el caso de la reforma de la LOREG es el más palmario, así como el tema de sus privilegios profesionales), puede que la única forma de conseguir este cambio, desde dentro del sistema, es formar un partido político (DRY o cualquier otra sigla) y convencer a la ciudadanía de que el principal interés es modificar ciertos aspectos que son necesarios para la regeneración democrática. Si se logra este objetivo, puede que el movimiento haya alcanzado su mayor éxito. Luego podrá desaparecer o continuar, pero los puntos claves se habrán materializado, y entonces el PP y el PSOE (como máximos exponentes del bipartidismo que se critica de base) tendrán que actuar con otras reglas de juego. Si con posterioridad estos partidos vuelven al estado anterior, supongo que tendremos excusas para expresar nuestro descontento de otras maneras menos sutiles y más violentas…

Esta idea de regeneración de la política comenzó con parte del programa político de los partidos “Ciudadanos” y “UPyD”, dos partidos nuevos, basados en las redes sociales y con una vocación de evitar el bipartidismo y otros excesos que nuestra joven democracia lleva arrastrando desde hace ya demasiado tiempo. Quizás sea el momento de que todo nuestro sentimiento (indignación) se canalice a través de una acción que nos (dignifique) permita cumplir este objetivo de regeneración democrática.

6. Capital humano. El futuro del movimiento pasa por aprovechar el capital humano que podemos ofrecer. Cada cual debe aportar lo que mejor que tenga. Habrá quien acuda a las acampadas y movilizaciones para externalizar el sentimiento que alienta a DRY (a pesar de que estos se desvinculen de las acampadas, como informan en su web), informar a los ciudadanos de cuáles son las reivindicaciones y medidas que se proponen. Pero por otro lado hay que preparar una hoja de ruta, planificar las actuaciones y organizar todo el movimiento. Médicos, abogados, maestros y demás colectivos profesionales pueden aportar asesoramiento de distinto tipo que es muy necesario para la viabilidad de DRY. A pesar de que haya asambleas y de que todos discutamos (lo cual es importantísimo y muy sano dialécticamente hablando), hay que ser prácticos: se requiere una autoría intelectual detrás del movimiento que guíe y oriente. Quién o cómo se decidirá esta estructura jerárquica puede ser complicado pero sin duda se ha de superar ese escollo inicial.

La masa no es la suma de los componentes individuales, es algo más y algo menos. Aquí es difícil hablar de sinergia o panergia. Habrá que hablar de ambas. La masa difumina las voluntades e invita a pensar como grupo (frenándose las decisiones individuales), a la vez que dota de mayor fuerza y sentimiento colectivo a todos los individuos. Sabiendo eso, no podemos exigir que todos los comprometidos con DRY tengan los mismos conocimientos jurídicos, históricos, políticos, económicos, sociales, profesionales. La formación intelectual, la experiencia de cada uno, son circunstancias variables y difícilmente extrapolables al conjunto de los individuos. Es por ello necesario que cada uno aporte aquello que mejor domina. Todo movimiento político desde el siglo XIX en adelante ha distinguido entre los ideólogos, los oradores, los comunicadores, redactores, informadores, pancartistas, comprometidos y simpatizantes. No todos podemos hacer todo. Hay que especializarse para cada uno dé lo mejor de sí mismo en beneficio del grupo.

Esto es lo que se me ocurre de primeras. El tiempo me dará argumentos para cambiar estos puntos, incluir otros y yo qué sé más. Ahora es tiempo de hablar en las asambleas, estudiar los acontecimientos, proponer vías de actuación y esperar reacciones para poder actuar en consecuencia. Y sobre todo, a seguir siendo críticos, responsables y coherentes.Es decir, a seguir siendo ciudadanos con derechos y obligaciones.

Evitemos los calificativos extremos: esto no va de ser antisistema, anticapitalista, antidemocrático, ni antileches en vinagre. Esto va de ser “pro” algo. Y ese algo es lo que nos toca decidir. Y puede que nos sorprenda ver que somos prodemocracia, procapitalismo y prosistema, si conseguimos mejorar los defectos que la aplicación de estos conceptos ha demostrado.

PD: Suerte y ánimo para todos los que están colaborando en que este cambio sea posible. No puedo decir que esté 100% de acuerdo con lo que aparece en la web de democraciarealya.es o en las pancartas de las acampadas, pero me alegro de que exista una cosa como ésta, y de poder opinar sobre ella para mejorar aquello que creo que es mejorable.

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Categorías: Res publica | Etiquetas: , , , , , | 3 comentarios

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3 pensamientos en “Democracia Real Ya (mismo)

  1. Pingback: Abogado escribe un artículo sobre Democracia Real Ya

  2. Anavalemucho

    Gracias por opinar con tanto criterio, amigo.

  3. Fatima

    No dejes nunca de decir lo que piensas.

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