Falsaria per semper non demonstrat

O “la mentira no dura para siempre”, para los que no se manejen con el latín. Existen tres tipos de personas: los que siempre mienten, los que nunca lo hacen y los que lo hacen a veces. Para los primeros, que se lo hagan mirar. Para los segundos, que se relajen un poco. Para los terceros, que sigan leyendo…

Esta entrada es una pequeña guía para adentrarnos en el fascinante mundo de la mentira, por eso va dirigido a los que se valen ocasionalmente de sus encantos, sin llegar nunca a dominarla (antes bien, se ven dominados por ella).

Existen tantos tipos de mentira como mentirosos hay por el mundo, por lo que cualquier intento de clasificación está condenado al fracaso más absoluto. De nada sirve distinguir entre mentir, timar, estafar, embaucar y otras variantes, según que haya dinero de por medio, se induzca a otro a actuar llevado por un error, se cambie una cosa por otra, etc. Lo importante es el elemento común a todas estas formas de mentira: se dice algo sabiendo que no es verdad y con la intención de provocar una reacción en el oyente.

Cierto que hay unas mentiras llamadas “piadosas” o “mentirijillas”, que parecen ocupar la escala más baja de reproche. Son esas mentiras que decimos “para evitar que una persona lo pase mal”, como ocurre con frecuencia cuando no le decimos a una persona que su pareja se la ha pegado con otro. Como se sabe, la verdad duele, y ocultarla suele ser un tratamiento paliativo utilizado con asiduidad. Pero no nos engañemos: la mentira, incluso con buena intención, es mentira. Quizás nos ayude a limpiar rápidamente nuestra conciencia, pero ello no altera su naturaleza.

Peor. Mucho peor, es la mentira que se dice con la finalidad egoísta de “salvar el pellejo”.

Esta es la mentira importante, la MENTIRA con mayúscula, y sobre la que hay que aprender algunas cosas para no cometer errores garrafales.

La vida en sociedad no es muy diferente a la vida en la selva. En nuestras relaciones familiares, laborales, de amistad o pareja, hay leones, manadas, gacelas heridas y demás elementos de la naturaleza que exigen aplicar lo que es una máxima irrenunciable: el instinto de supervivencia. La gacela, al final de todo, no dudará en engañar al león para escapar con vida, aparentando una fortaleza que no tiene a base de saltos y brincos. Del mismo modo, el león se esconde (simula su ausencia) para poder atraparla. Y no muy diferente es la actuación de muchos de nosotros, que mentimos para evitar ser “atrapados” por otro. Instinto de supervivencia social. Salvar el culo, en castizo.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que para mentir de esta manera, hace falta ser muy listo. Mucho. Del mismo modo que para hacer daño se requiere ser listo (de ahí lo de “no daña quien quiere sino quien puede”), para mentir y que la mentira dure lo suficiente como para surtir el pernicioso efecto deseado, se requiere cierto tipo de agudeza mental. Aquellos de vosotros que no tengáis buena memoria, que no podáis improvisar con solvencia, que se os note en la cara lo que pensáis o que no podáis urdir un plan dialéctico impoluto, mejor será que os dediquéis a las mentirijillas piadosas, pues en el caso de que os pillen siempre podréis defenderos diciendo que “lo hicisteis por una buena causa”. Pero para adentrarse en el mundo de la MENTIRA con mayúscula, hace falta buenas dosis de ingenio, o será la mentira la que se adentre en vuestro mundo para no salir nunca más.

Cuando se miente a una persona, se corre el riesgo de tener que repetir la mentira a otras personas, de manera que se pueda crear una sensación general de “verdad” que nos haga salir del paso. Y repetir una mentira siempre es un problema, porque no hay repetición sin adición o sustracción. Es decir, siempre se añade o se omite algo. ¿Habéis jugado al teléfono estropeado? Pues algo parecido. La mentira nunca vuelve a ser la misma después de salir de la boca. Y el problema surge cuando existen contradicciones entre lo que se dice a uno o a otro. Por ello es bueno tener buena memoria, para saber qué se dice y a quién. Este pequeño castillo en el aire se desmoronará rápido si uno de los cimientos tiembla por la incoherencia de nuestra versión de la realidad.

Si no tenemos buena memoria, al menos será mejor que seáis listos. Siempre es posible preparar una mentira tan perfecta, que no haga falta repetirla, o que el su construcción permita repetirla sin alterar sus elementos esenciales. Esta cuadratura del círculo parece imposible, pero es tan fácil como lo siguiente: el mentiroso debe ser más listo que el resto. A favor del mentiroso está el hecho de que el receptor puede ser más listo, pero si está confiado, si es noble y no concibe la mentira en su interlocutor, baja la guardia y se vuelve más receptivo a ser embaucado. Por eso, mentirosos que me leáis: si no sois suficientemente listos, aprovechaos de los que confíen en vosotros, pues a ellos os será más fácil engañar.

Si la cosa se complica, pues ni sois listos ni tenéis buena memoria, dad por seguro que os pillarán tarde o temprano. En ese caso, es bueno tener capacidad de improvisación. ¡Cuántos mentirosos se han salvado en el último momento, cuando acababan de ser pillados, gracias a una improvisación espectacular! Es lo que se conoce como “salir al paso”. Y, creedme, viene muy bien saber improvisar de manera creíble. Lo último que conviene es poner cara de “me has pillado”.

Por eso, el último requisito, si no eres listo, ni tienes buena memoria ni sabes improvisar, es no reflejar en tu cara o con tus gestos, que has mentido. Poner cara de póquer, se dice. Pues hace falta poner cara de póquer, de mus y de blackjack si queremos salir airosos de una mala improvisación.

Estas son las cuatro herramientas básicas de todo buen mentiroso. Lo ideal es tener las cuatro bien desarrolladas, como puede ocurrir con un abogado. Otros colectivos, como los profesores, se relacionan tanto con niños más jóvenes que ellos que pueden llegar a pensar que todo el mundo es tan infantil, y ello los convierte en mentirosos de pacotilla: no es lo mismo mentir a un crío que a un adulto. Por eso debemos tener en cuenta hasta la profesión a la hora de mentir: no lo hace igual un político o que un médico.

Acabo esta entrada recomendando a los mentirosos que hayan encontrado algo de utilidad o interés en este escrito, que no duden en aprovechar esta herramienta social tan precisa como es la mentira, ya sea para obtener un puesto de trabajo, provocar una ruptura, expiar una culpa haciendo que otro cargue con el sanbenito o demostrar una intachable catadura moral. Pero si lo hacéis, hacedlo bien. No digáis que no lo he advertido. Y si alguna vez os pillan y no hay salida, es mejor una retirada a tiempo que una derrota definitiva. Falsaria per semper non demonstrat.

Lástima me dan las personas que, cuando se las pilla mintiendo, son tan simples como para escapar con otra mentira. Así y así seguirán hasta que la boca les huela tanto a heces que ya nadie quiera escucharlas ni, por supuesto, besarlas.

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Categorías: Visiones fugitivas | Etiquetas: | 5 comentarios

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5 pensamientos en “Falsaria per semper non demonstrat

  1. jose

    Y luego están las mentiras que te hacen las personas que están en tu círculo de confianza, con lo cual descubres que ni esa persona era de confianza ni tu estabas en su círculo de confianza (mas bien en otro círculo). Es tan denigrante y deshonroso este acto que tienen un espacio en el infierno reservado especialmente para ellos. El noveno y último círculo (según el gran Dante) está reservado exclusivamente para esta gente, los traidores.

    • Pues sí, Jose. La verdad es que dentro de los mentirosos, están los traidores, que son aquellos que te mienten aprovechándose de la confianza que tenemos puestos en ellos. Pero no creo que haya un círculo reservado en el infierno (lo siento por tu metáfora dantesca tan bien traída a colación): a este tipo de personas no las quiere ni en el infierno. Pobre Satán, lo que tendría que aguantar. Faltaría más…

  2. Yo cuando oigo “mentira” pienso en la”honestidad”. Dicen que cada día hay menos honestos en el mundo, que vivimos tiempos oscuros para la naturalidad y la verdad, pero yo creo que esto siempre ha sido así, lo cual da todavía más valía a la honestidad: no es fácil romper dicha inercia. Dices que hay que ser inteligente para saber mentir, pero aún más inteligente se ha de ser para ser honesto y no salir ardiendo; pues ir con la verdad por delante a toda costa en un mundo que siempre ha sido el de las apariencias y las máscaras… es andar sobre ascuas.

    Eso sí, la gente odia al mentiroso y ama al honesto. Cada cual que elija su camino 😀

    PD: yo con los que me parto con los que se creen adultos y mienten como niños a otros niños que en realidad son adultos.

  3. Fatima

    Yo suscribo todo el comentario asi como las respuestas, pero como bien dices Harry, me para en la posdata de Leon Gacelito, es genial. un besazo.

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