Textículo noveno

EL QUE PARTE EL BACALAO

El conductor del autobús se detuvo en la primera parada de su última ronda. Mientras los usuarios subían y bajaban, recordó la cita que tenía con el dentista. “En cuanto termine esta ronda salgo pitando para la clínica”, pensó mientras cerraba la puerta, “a ver si me sacan la muela rápido y vuelvo a tiempo de ver el fútbol”.

Justo cuando se disponía a iniciar la marcha, vio por el retrovisor a un hombre que corría desesperado para llegar a tiempo a la parada. En momentos como éste el conductor solía esperar y abrir la puerta, pero esta vez aguantó hasta que el hombre alcanzó la puerta y entonces se alejó a toda prisa. Los golpes que aquél dio en el cristal no hicieron sino ensanchar la sonrisa del conductor, que murmuró: “La próxima vez date más prisa, gilipollas, que hoy tengo prisa”.

Cuando el conductor llegó a la clínica todavía le sobraban diez minutos. Había sido una última ronda muy rápida, pensó orgulloso. Lo primero que le molestó fue tener que esperar casi una hora a que llegara el dentista. Pero lo que realmente le sacó de sus casillas fue escuchar, mientras estaba tumbado con la boca abierta, cómo el dentista despotricaba a gusto acerca de un conductor de autobús hijo de puta que lo había dejado plantado en la parada…

El conductor, mientras escuchaba mentar a su madre repetidas veces, se tragó tantas toneladas de orgullo como pesaba el autobús que conducía y que tanto necesitaba para reforzar su hombría. A pesar de ser necio y un poco fanfarrón, sabía admitir la derrota y  reconocer quién cortaba el bacalao: el dentista tenía el cuchillo y él, sin duda, era el bacalao.

 

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Categorías: Relatos | Etiquetas: | 2 comentarios

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2 pensamientos en “Textículo noveno

  1. Javier

    Buenísimo aunque predecible desde el principio del tercer párrafo.

    • Bueno, algo es algo, si el microrelato tiene cuatro párrafos, he mantenido la tensión un 75% Ja ja. No, en serio, este tipo de relatos no persigue el efecto de sorprender al lector. No se trata de ser más o menos predecible. En un microrelato este tipo de recursos es muy difícil de usar, y merece la pena en un relato corto, como mucho. En éste se trataba de “sorprender al conductor” y eso, no te quepa duda, lo he conseguido.
      Gracias por la crítica.

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